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Domingo 29 de Agosto 2010:

Con el segundo rezongo del mate, Doña Potola se lo devolvió a Prosperina con un "gracias". Su palma vuelta lucía la humedad y alguna gota que simulaba una lágrima de despedida del mate que pedía relevo.
- Hay que curar otra calabaza m´hija.-
- Es que me da lástima Doña.¡En cuantas madrugadas y desvelos nos ha acompañado!-
- Tiene razón. Yo también estaba tan acostumbrada a su forma que lo voy a extrañar. Se ganó un lugar en la repisa de los recuerdos.-

- Parecería que están sepultando a un ser querido.- murmuró la Sra. República doblando el primer cuerpo del diario en su rutina mañanera.
- No va a pensar Usted que estamos un poco flojas de sesera. Mire señora, la gente no le toma cariño a esas pequeñas cosas que son testigos inanimados de nuestra vida. El mate sin saberlo me entibiaba la mano como una caricia. A veces, y no se lo cuente a nadie, miro las herramientas viejas y pienso que deben tener ganas de sentirse útiles, de volver al trabajo. El arado, a sentir las manos de quien lo empuñaba y el tirar parejo de los caballos que pacientemente iban y venían para dar vuelta una hectárea.-
- ¿Y por qué no quiere que lo cuente Doña Potola? -
- Van a pensar que desvarío, o algo peor.-
- No le pona Ud. un freno a la imaginación, siga contando.-
-Mire por la ventana Señora el carro que está en el parque debajo del tilo. ¿No cree que extraña que lo carguen con bolsas en una cosecha? Al compás del crujir de los ejes y las maderas secas sentiría que vuelve a la vida. El látigo estallando en el aire le hará sentir el apuro del conductor y al paso de los percherones buscará la estiba en la estación de tren. Si le hablara del motor a vapor y de la trilladora, del carro aguatero, de la engavilladora, nos pasaríamos del tiempo que destinan para nuestras charlas.-
- Pero son muy ricas en su esencia Doña, debería plasmarlas escribiendo sus memorias.-
- Lo he pensado pero: ¿ sabe qué frena el impulso? La velocidad, el vértigo de la transformación.-
- ¿A qué se refiere?-
- A no quedar como llorando por el tiempo perdido.-
- Le tengo miedo al desafío. Pues todas estas sensaciones y sentimientos forman parte de una forma de vida rural y temo no estar a la altura de las expectativas y vivencias de mucha gente.-
- No lo haga por ellos Doña, hágalo por Ud. y por sus nietos. ¿Qué historia es mejor contada que la que escribió su propia abuela?-
- Lo voy a madurar en la próxima cosecha de trigo señora. Voy a aprovechar las siestas del verano para ordenar los recuerdos. Espero que los rastrojos le sirvan de abrigo como lo hacen con el suelo. En la tierra están mis mayores desvelos. Imagino que me habla, aunque le cueste creerlo. Me preocupan los lotes desnudos y quiero engordarlos rotando maíz, trigo, pasturas y después una buena cosecha de soja y por supuesto tener resto para fertilizar. A los mates los puedo guardar en una repisa y a los fierros viejos mantenerlos para que no se los coma el óxido pero la tierra está viva Señora y manda señales, y no debemos olvidar que es la fuente de recursos nada más y nada menos que para nuestra propia vida.-
-¿Es una promesa el libro Doña Potola?-
- Desde ya. Es una deuda.-


Domingo 22 de Agosto 2010:
Sobre la claridad se recortaba la silueta de Doña Potola en el extremo de la galería. Sobre su espalda, el infaltable poncho color camino y sus ojos navegando en el mar oscuro del trigal que agitaba la brisa mañanera.
- ¡Se va a enfriar, Doña Potola! - reclamó Prosperina - Venga que ya serví el desayuno.- Y bajando la voz - No la contradiga señora, pues me parece que amaneció como si soplara el Zonda.-
- Ese viento es de la cordillera. Usted me quiere confundir Prosperina. -
- Lo tomo como licencia. Es lo que me cuenta Doña Lucre en sus cartas. Parece que a los sanjuaninos les altera la vida cuando sopla. -
- A mi me altera que, una vez más, dejamos pasar el tren. - dijo Doña Potola buscando la silla de totora que tejió con paciencia y tiempo.
-¿No me estará hablando del tren bala doña? Pues ése pasó como un fantasma que nadie pudo ver.-
- No señora, ese sapo nunca me lo tragué. Le hablo del tren de las oportunidades. Miraba el trigal y pensaba que el área sembrada tendría que haberse duplicado este año. Pero no. Por el capricho de mostrarse inflexibles no facilitaron con alguna medida que los productores se animaran. Nosotros sembramos pues debemos rotar ya que los números eran finitos y ante la escasa predisposición de entregar los permisos de exportación, nunca se sabe cuál es el valor.-
- ¿Pero no es el que se publica en la pizarra, doña?-
- Señora... Cuando se empiezan a hilvanar los análisis de gluten, etc, etc... No la quiero marear. Le pagan lo que se les ocurre. Ahora, con el diario del lunes, se deben estar lamentando. Problemas en Rusia, temperatura, incendios, langostas en Canadá y ya los diarios hasta cometen el error de echarle la culpa a los productores por el aumento el pan. Mire, en la cosecha del 2000/ 2001 el porcentaje de siembra de maíz y trigo con relación a la soja era del 44%. En esta campaña bajó al 22.5. Más claro échele agua. Hablaron tanto de la sojización que viendo los resultados usted llega a la conclusión de que lo único que quiere el Gobierno es que se siembre soja. -
- El Gobierno Nacional y hasta los gobernadores Doña Potola. ¿No los ha escuchado?-
-¡Ni me los nombre! Da la impresión de que se les agotaron las ideas y sus neuronas sólo repiten "impuestos y retenciones". Sonrisas por un lado, visitan las rurales, las exposiciones de maquinarias y alientan la inversión de los gringos y luego los esperan en el puerto con la alcancía. Ellos mismos están estrangulando sus provincias y declaran que la distorsión de las retenciones las fija el Gobierno Nacional. Y uno se pregunta: ¿Para qué los elegimos? Dentro del ámbito de la provincia, alguien debe garantizar el trabajo y la inversión de los ciudadanos que el único pecado que cometen es querer producir. -
- Estarán esperando que la gente otra vez empiece con el "que se vayan todos", doña.-
- No señora. La gente vota, elige pero no le pueden dar vuelta la cara cuando se ponen el traje nuevo. No se deben olvidar que los elegimos por lo que declararon en la campaña. Nosotros defendemos el sistema democrático y ellos que gozan de las mieles del poder, atentan contra el mismo. Con sus ausencias y con la excusa de que al partido que gobierna no lo pueden traicionar pues es de la misma bandera. ¡A nosotros nos traicionan! Y están jugando con el futuro de la tierra. Hablo de la reposición de nutrientes, del rodeo de vacas que cada día está mas diezmado y hablo del pan señora, y desde esta humilde cocina les digo que no tienen derecho a estrangular el motor productivo.-
- Le dije señora que el Zonda también sopla por estos pagos. - sonrió Prosperina tratando de sacarle una sonrisa a Doña Potola, que buscó en la taza de mate cocido alivio para su garganta seca.


Domingo 15 de Agosto 2010:
-¡Ta - te - tí, suerte para mí! - canturreaba Prosperina, apoyando alternativamente su dedo índice sobre los frascos de mermelada, ordenados prolijamente en la despensa.
-¿No está un poco crecidita para esas coplas infantiles? - la sorprendió Doña Potola.
- Era simplemente un juego doña, pues con el tiempo arremetemos contra lo que va quedando...-
- Y va quedando poco por lo que veo...-
- Sus nietas anduvieron de visita y han llevado algunos frascos.-
- Me avisaron... Y qué quiere que les diga, si con el pedido viene la frase "Abuela, nadie hace los dulces como vos".-
- ¿Tan temprano y ya están discutiendo?
- Señora, es parte de la rutina y esta historia se repite todos los años, cuando merma la existencia de frascos en la estantería.-
- Por lo que veo Prosperina, podríamos pasar un par de inviernos sin necesidad de ir al pueblo y por otro lado, si faltan frascos la culpa debe ser de los regalones de la abuela.-
- Algo de eso hay - acotó Prosperina.
- Ustedes se están complotando como la oposición en el Congreso y objetando mis debilidades.-
-¿Así que ahora nosotros somos la oposición? Me desorienta, doña.-
- Señora, me refiero a la forma de agradecer que tiene el gobierno con aquellas provincias, cuyos diputados y senadores acompañan con su voto las iniciativas del ejecutivo.-
- ¿No me diga que está imitando esta forma perversa de presionar?-
- Si me votan les apruebo partidas, sobras y sonrisas. Y al que no, que se encomiende a San Expedito.-
- Por favor Doña Potola...-
-Yo no dije que estaba de acuerdo con esa práctica, dije que era similar, ya que ustedes hablan de mis regalonas. Por otra parte, nada más alejado de la realidad. Para mí todos los nietos son iguales y me he brindado de igual forma con cada uno y saben que todo lo que tengo es para ellos tarde o temprano. Y así debería ser a nivel país. Me resulta tan chocante cuando dicen que "los de tal provincia son de otro partido" como si tuviéramos fronteras en nuestro territorio.-
No le hacen honor a la democracia recuperada, con la que tanto se llenan la boca en cada discurso. Lejos estamos de la República Federal que tanta sangre demandó a los soñadores de la Patria grande.-
- Parecería Doña Potola que los caudillos están mas vigentes que nunca. Cada uno queriendo hacer prevalecer sus ideas sin pensar en el desarrollo de cada rincón del país. Seguimos apostando a las caras conocidas pensando que nos pueden salvar. Ya lo querían candidatear a Batistuta para gobernador. ¡Válgame el cielo! Menos mal que respondió con toda humildad, de que no se siente capacitado para ejercer el cargo de administrar un territorio como el de Santa Fe que tiene el potencial de cualquier país de Europa. Por lo menos alguien sensato doña. Me pregunto porqué no lo propusieron para DT, ya que no dan pié con bola con el seleccionado.-
- Nunca tan bien aplicado el refrán doña.-
- Sentido común y humildad señora. Es lo que está haciendo falta. ¿Leyó las críticas al Presidente Obama por el viaje de su señora a la costa española? -
- Las mismas críticas que había recibido la señora de Zapatero por su viaje a los Estados Unidos, acompañando a su marido a una cumbre de mandatarios, doña.-
- ¿Se imagina qué pasaría señora por éstas tierras, donde hasta fletan un avión para ir con los amigos a ver un partido de fútbol? Ni hablar de los viajes para los que contratan aviones privados. Mientras tanto, la gente espera pacientemente que pase el colectivo a las 4 de la mañana para que los lleve al trabajo.
¡Prosperina, baje el frasco que salió sorteado y endúlceme un poco la mañana.-


Domingo 8 de Agosto 2010:
La panceta, negra por fuera por la pimienta, se ofrecía sobre la tabla y Prosperina, diestra con el cuchillo largo, cortaba decidida mientras tarareaba bajito. Doña Potola, botellón en mano, sirvió tres vasitos de la ruda con caña que según ella ayuda a pasar agosto y aleja las malas ondas. La cocina de hierro calentó rápidamente la sartén donde se arrugaban las fetas de panceta y no tardaron los huevos en hacerles compañia.
- La iba a ir a buscar, señora. Siéntese que se enfría el desayuno.- la recibió Prosperina al tiempo que le arrimaba la taza de mate cocido con leche.
- Primero la copita, en tres sorbos, pues hay que tomarla en ayunas.-
- Y después, a correr descalza sobre la helada.- respondió la Sra. República.
- Hay que alimentarse bien, señora. El frío no perdona si nos agarra flojos de cacerola.-
-¿Y el colesterol, doña?-
- No me venga con problemas ciudadanos. Los que andamos todo el día quemando calorías no tenemos tiempo de pensar en esas cosas.-
- Espere que me tomo un trago del mate cocido, pues el brebaje me quemó el pecho.-
-Que no se diga... Está suavecita, pues a la vieja receta del ruda macho y la caña con una cucharada de azúcar quemada y una cáscara seca de naranja, la he dejado como para señoritas.-
- No se a qué señoritas se refiere usted, pero no creo que como se cuidan ahora, desayunen panceta con huevos fritos.-
- Tiene razón, pero después andan tomándose de las paredes para que no se las lleve el primer viento.-
- Qué rica que está la panceta... Tiene el punto justo de sal y pimienta.-
- Hay que agradecerle a Don Gregorio y también el color que tienen los huevos... - dijo Prosperina mientras hundía el pan casero tostado en la yema. Con el maíz que han comido esas gallinas, lo menos que podían hacer es regalarnos estos huevos, que si los ven en la ciudad, piensan que no están buenos.-
- Le voy a agradecer Prosperina otra tacita de mate cocido con leche.- solicitó la Sra. República mientras untaba la tostada con su mermelada preferida: la de naranjas amargas.
- Usted se queja de la panceta y de los huevos pero un par de tostadas con mermelada no se si no le hacen puesta si medimos las calorías.-
- ¡Es que le ha salido tan rica Doña Potola! ¿Sabe qué? No tengo que buscar excusas. Las como porque me place.-
-¡Así me gusta señora! Hay que darse los gustos. - dijo Prosperina al tiempo que Don Gregorio, sacándose la gorra de abrigo, daba los buenos días.
-¡Excelente la panceta!-
- Gracias, Doña Potola. Le venía a contar...-
- Espere Don Gregorio. Estamos en la cocina y acá de trabajo no se habla. Primero, tómese una copita de caña con ruda.-
- Se agradece. ¡No se ve blanquear la helada en el parque! -
-¿Aflojó el frío? - preguntó la Sra. República desde la ventana.
- Estos son los días bravos señora. La helada negra es la más cruel, diría mi mamá.-
- Tiene razón Doña Potola. Seco, el viento sur quema todo. Dicen que se congela la savia y las plantas amanecieron negras.-
-¿Y la huerta? - preguntó Doña Potola.
- En la huerta y en la quinta de frutales está todo bien. Anoche, quemamos unas cubiertas viejas. Las nubes gordas y grises no me gustaron ayer a la tarde y me sospechaba que ésto podía pasar.-
- No me avisó nada.-
-¿Para qué, Doña Potola? No la quería preocupar.-
-¿Partieron todos los chicos a la escuela?-
- Todos. Nadie se quiere perder el premio.-
- Me parece bien. Voy a presentar un proyecto para incentivar a nuestros legisladores que son tan reacios a sentarse en la banca que se ganaron.-
-¿Le parece que dará resultado?- preguntó la Sra. República. - Yo digo, pues parece que tienen algunos incentivos para ausentarse cuando el tema a tratar toca intereses sensibles.-
- Yo siempre tan ilusa, señora.-
- Por supuesto que no puedo competir con los viajes que les proponen para justificar las ausencias, ni tampoco con el paquete de obras que les ofrecen a cambio a sus provincias. Pero igual, no me resigno.-
- ¿Qué tal - dijo Prosperina - si publican la lista en el diario? Así nos enteramos de quienes van y hacen su trabajo y de quienes nos están engañando.-
- Me sorprende cada semana m´hija.-
- La pupila está pidiendo pista, Doña Potola.-
- Ya veo, señora.-


Domingo 1 de Agosto 2010:
- Doña Potola, necesito su visto bueno. Para mi están a punto, pero usted decide.-
-¿Si no luego quién la aguanta?- - Complete la frase m´hija, no se quede corta.
Sonreía Prosperina, mientras ofrecía un par de aceitunas en un platito y una servilleta de papel. Se sirvió una, la mordió y mientras saboreaba, aspiró profundamente la mitad del fruto que lucía el carozo.
- Están a punto. Después de almorzar las envasamos. ¿Quiere probar señora?-
- Le agradezco. Me gustan sazonadas, cuando el ají molido cierra el círculo del sabor. -
- Tiene los frascos, el aceite y ya escuchó: suficiente ají molido.-
- Tengo todo preparado como siempre. Me ofende con la pregunta y tome la servilleta, no sea cosa que se manche la mantilla que está tejiendo.-
- Tiene razón m´hija. Se adelantó unos días la cigueña y estoy atrasada. Fin de cosecha y problemas, siembra de trigo y más problemas que me sacaron horas de tejido.-
-¿Y cómo se llama la recién nacida?- preguntó la Sra. República.
- No me han contado. Una siempre pregunta lo mismo en estos casos. Cómo están la madre y la pequeña, y del nombre nos vamos a enterar el fin de semana cuando la visitemos para conocerla. -
- Quizás le pongan el nombre de la madre. - aventuró Prosperina.
-¿Y cómo se llama la madre? Nunca me enteré.-
- Griselda, señora. Así se llamaba la abuela y la tatarabuela.-
- Bueno, no exagere.- la contuvo Doña Potola.
- Pregunto, porque ustedes nunca la llaman por su nombre. Para mi, es la Pilinguina. ¡Y éso es culpa suya, doña! Todo el mundo que la rodea tiene sobrenombre.-
- Costumbres de otro tiempo, señora. Ahora, hasta los llaman por sus dos nombres, como en las telenovelas. Ni me acuerdo de que me llamo Juana. De chiquita fui "Potola"y cuando llegaron las canas me agregaron el "Doña."-
- Usted que es amiga de los apodos, no me dijo nada de la ternera y ha pasado todo un año.-
Prosperina giró levemente la cabeza para observar de reojo la reacción de Doña Potola.
- No sé a qué se refiere, señora.- y para ganar tiempo, levantó la mantilla y sus anteojos, que se le deslizan por la nariz.
- No se haga la distraída. Sabe perfectamente a qué me refiero. Hablo de "Doña Potola", la ternera categoría menor de la raza Shorthorn, que ganó el premio de la Asociación en Palermo.-
-¿Y usted cree que se lo pusieron por mi?-
- Algo les escuché decir a sus nietos, que no se animaron a comentárselo a usted.-
- El responsable es un amigo de Francisco y creo que fue su señora, la que tuvo la idea. Desde entonces no han vuelto a visitarnos.-
- Por algo será... Usted se ha ganado la fama.-
Sonreía Prosperina, pues ella tampoco se había animado a sacar nunca el tema.
- Usted no se ría de espaldas. Dé la cara. - Yo no dije nada, doña.-
- Más le vale.-
- No es para enojarse. Pienso que han querido homenajearla.- trató de calmar la situación la Sra. República.
- Hay que ver el lado positivo.- se plantó Prosperina, secándose las manos en el delantal.
-¿A qué se refiere, m´hija?-
- La anotaron en la categoría "ternera menor." ¿Se imagina si la hubieran hecho desfilar entre las vacas adultas?-
La carcajada de la Sra. República arrastró la que contenía Doña Potola e hicieron que abandonaran la siesta larga Cacique y Cautiva.
- La salida es muy buena. Por eso la disculpo. Ahora, hablando en serio, algunos sobrenombres tendrían que tener vencimiento. Fíjese que hay hombres grandes que los siguen llamando "nene." Y hay muchas abuelas que para sus amigas siguen siendo "la beba". Y para no quedarse atrás, hasta los candidatos para las elecciones del año que viene nos anuncian que puede ser "un pingüino o una pingüina."-
- A la pareja que viene del sur, me gustaría pedirle algunos consejos.-
-¿Por ejemplo. m´hija?-
-Cómo hacen los pingüinos para sobrevivir, doña, comiendo solamente algunos pescaditos, y sobre todo cómo hacen para vivir en la nieve sin una estufa. Porque dicen que del gas, nos tendríamos que ir despidiendo.-
- Le ha salido una buena pupila, Doña Potola. Ya veo.-


Domingo 25 de Julio 2010:
- ¡Por fin el sol! - exclamó Prosperina. - Esta llovizna parecía que había llegado para quedarse como dueña del parque. -
- El ponchito de los pobres no alcanza para disimular el frío - respondió la Sra. República frotándose las manos.
- ¡Lo que no alcanzó fue la harina, señora! En esta semana larga ya no me acuerdo cuántas cosas ha amasado: tortas fritas, buñuelos, tortas negras..-
-¿Dónde anda Doña Potola?-
- Con los pájaros volados reclamando por la carga de gas para la chancha. Yo con la cocina económica me arreglo con leña y marlos para cocinar, pero la caldera del tambo no se puede parar. - ¿Usted la escuchó a la dulce anciana reclamando?-
- Me imagino...-
- Y si le agregamos que es algo relacionado con el tambo, la mezcla puede ser explosiva.-
- Ahí viene.-
Voy a mover las aceitunas que tengo en sal gruesa y le preparo unos mates mientras
se le pasa la luna.-
- La luna y todo el sistema solar - sonrió la Sra. República mientras la carcajada de Prosperina parecía darle cuerda a Cacique y Cautiva que saltaban junto a ella.
-¿ Me perdí algún chiste?-
- Doña, nos preocupan sus enojos.-
- Usted sabe señora que no pierdo los estribos por cualquier zoncera. Saben que dependemos del gas y no para calentar la casa precisamente. Y si así fuera, me asiste el mismo derecho. Diga que cuando instalaron el sistema nuevo me opuse a sacar el viejo tanque y el calefón a leña, pero no es el caso. No hay garrafas y eso sí me pone mal.-
- Hay, pero las venden más caras Doña Potola.-
Es lo mismo que si no hubiera. Algunos inescrupulosos se aprovechan y quieren ganar a costa de la necesidad de los que ganan menos. Los dejan a merced del peor enemigo que es el frío. En los barrios humildes y en la periferia se ven a los chicos juntando un poquito de leña para que a la noche pueda hacerle la madre un locrito guacho con lo que va quedando.-
- Por ahí venía la cosa. Ya me parecía que no sólo era la carga de la chancha, como dice Prosperina.-
- Mi amiga, yo me hago problema por las grandes cosas y el abandono de tanta gente que dicen proteger y siguen igual que siempre nadando contra la corriente. Yo le juro que me da vergüenza cuando me tapo en mi cama calentita y pienso en tantos padres que les debe tiritar el alma al saber que noche a noche se repite el mismo interrogante: ¿Conseguiré trabajo? ¿Qué les doy de comer mañana? -se preguntará la madre-.
- Menos mal que dejó de llover Doña Potola.-
- Si señora. Ayer miraba por la ventana cómo llovía y cómo doblaba el viento los árboles y por primera vez, pedí que dejara de caer agua. Yo que siempre imploro por los cultivos, le pedí a San Pedro que cerrara el grifo. Tanta gente pisando barro y muchos sin un calzado decente. La gran deuda interna sigue agitándose a la vuelta de la esquina.-
-¿Les preparo unos mates?- preguntó Prosperina que al ver las caras, se dio cuenta de que el horno no estaba para bollos.
- Venga, que ya se me pasó la luna como dice usted. ¿O acaso piensa que la dulce anciana está un poco sorda?-
- Prosperina, en ésta casa tienen orejas las paredes - se atajó la Sra. República.
- Las paredes no sé, pero yo oigo como el perro: en plena noche hasta cuando cae un pelo.-


Domingo 18 de Julio 2010:
Con la casa en marcha y canasta en mano, Prosperina se dispuso a la cosecha de aceitunas.
- ¡Están a punto y en el olivo pareceria que se asentó una bandada de morajúes! - exclamó con la sonrisa contagiosa de quien siempre encara con ganas las tareas.
-¿No hace mucho frío? - insinuó la Sra. República.
- Ya aflojó la helada señora y ahí vuelven Doña Potola y el Ing. Claudio de recorrer el trigo. Venga, anímese que el frío mata a todos los bichos que andan dando vueltas. Tengo las ventanas abiertas de los cuartos para ventilar y cuando vuelvo cierro todo para que esté calentito a la siesta. Ayúdeme con la canasta que yo le alcanzo la bolsa con algunos dulces y los huevos para los chicos del Ingeniero.-
- Me parece que lo miman demasiado...-
- Hace años que llegó y poco a poco se ganó la confianza. Usted sabe que Doña Potola no es nada fácil, pero él siempre la ha sabido aconsejar bien y eso, ella lo valora. Lo invita con su señora y los chicos a su cumpleaños y es de los pocos que considera como de la familia.-
-¡Prosperina, vamos m´hija, que se le hace tarde al Ingeniero. Póngalo en el asiento de atrás de la chata y usted acuérdese que todo es frágil.-
- Gracias doña, adiós señora y... chau Prosperina.-
- Con el frío que hace y con la confianza que le tiene... ¿Era necesario que saliera a recorrer los trigos?-
¿Sabe qué pasa? Primero el frío me pone bien de ánimo, pues le hace bien al cultivo. Y segundo, tengo que aprovechar toda vez que puedo tener una clase privada. En los últimos años, la evolución ha tenido un vértigo que el que se queda, no se sube ni al último vagón. De aquéllos trigos de 1500 a 2000 kilos a éstos que ofrecen un potencial de 10 quintales, todo parece un sueño.-
- Admiro sus ganas de aprender y seguir comprometida con la producción, doña.-
- No me voy a quedar sentada en un rincón. Mire, parece que fue ayer cuando me dijeron que había que olvidarse del arado y que no era necesario dar vuelta la tierra para sembrar. Le aseguro que no dormí esa noche, pero al otro día nos reunimos con los muchachos y les pedí que fuéramos a ver sobre el terreno aquellas experiencias de las que hablaban los técnicos. Y empezamos incorporando un lote y después otro. Con las rotaciones de cultivos completamos un paquete que ahora parece fácil, pero era un desafío y había que darse cuenta.-
- Desde la ruta doña, parece todo mas sencillo.-
- Tiene razón mi amiga. Es como el turista que ve al pescador en su canoa y le envidia el momento. Pero hay que remar los 365 días contra viento y marejada, y no sólo un rato el fin de semana soleado. Acomode bien la escalera m´hija, no se vaya a caer y acuérdese de no golpear los frutos para que no se desarmen luego en los frascos.-
- Doña Potola... - respondió Prosperina desde lo alto.- ¿Cuántos años llevamos cosechando aceitunas y me va a repetir lo mismo?-
- Son cosas de vieja, m´hija. No me haga caso.-
- Usted habla de la vejez cuando le conviene. Las personas mayores que conozco no andan revisando en la línea cuántas semillas deja la sembradora ni cuanto pierde la cosechadora por la cola.-
- Tiene razón Prosperina. - se sumó la Sra. República. - Se tiene que llamar a sosiego. Podríamos hacer un viaje. ¿Qué le parece?-
- ¿Un viaje? ¿Adónde?-
- Hay tantos lugares Doña Potola...-
- Mire señora, no estoy para ir al Caribe a tomar sol ni a recorrer ruinas por el mundo. Mucho menos para hacer turismo rural. Para eso me quedo en casa.-
- ¡No sea vueltera! Invite a alguna de sus nietas y disfrute un poco de la vida.-
-¿Y quién les dijo que yo no disfruto? Mientras recorría el trigal que se insinúa vigoroso y sano, imaginaba el pan sobre la mesa de tantos compatriotas que lo van a disfrutar. Yo disfruto sembrando, más allá de lo que pueda ver e imaginar la gente. Me debo al cuidado de este pedazo de tierra que me prestaron por gracia divina, pues se los debo entregar a mis nietos para que sigan produciendo. Qué mejor viaje me pueden proponer, si estoy yendo y viniendo a lo más profundo de mi alma chacarera.-


Domingo 11 de Julio 2010:
Se sentó en la cama la Sra. República, sobresaltada. Ahogó un grito y se alegró al percatarse de que todo era una pesadilla. Buscó en las sombras la llave del velador, sus pantuflas, la capita y con pasos sigilosos fué por un vaso de agua.
La salamandra con la complicidad del viento ofrecía un ronquido perezoso al consumirse la leña. Calmó el agua la ansiedad que palpitaba en su garganta y antes de volver a la cama, abrió el postigo de la puerta que da a la galería y se encontró con la mirada de Cacique. Entonces la cerró rápidamente antes de que la saludara con un ladrido.
Otra vez el pasillo, la sala y la puerta del escritorio que no alcanzaba a silenciar una guitarra que, como caricia tibia, se dejaba oir en la madrugada. Abrió la puerta y Doña Potola levantó sus ojos sorprendida.
-¿La asusté?-
- No señora. Pase, simplemente no imaginaba que alguien anduviera caminando a estas horas por la casa.-
- Fui por un vaso de agua a la cocina y vi luz. Yo me desvelo por una pesadilla pero usted me engaña. Dice "hasta mañana" y después no duerme. ¿Qué está haciendo?-
- Música, papeles y una copita. El licor, pues tenía un poco de frío. La música, para abrigar el alma y estaba escribiendo unas cartas con papel y tinta. En medio del rezongo que produce la pluma al deslizarse sobre el papel, se me aparece usted y me reta.-
- Si está de mal humor la dejo. Nos vemos mañana...-
- Siéntese, no sea cosa que la pesadilla la esté esperando en la almohada.-
- ¡Ni me la nombre!-
- Mire, a esta hora me gusta leer y escribir. Ya sabe que soy un poco dispersa y cualquier ruido o interrupción durante el día no me resulta. Les quiero dejar a mis nietos algunas cartas con relatos de otros tiempos. De mi infancia, de mis padres y de mis abuelos, para que sepan de donde vienen y para que no se olviden. Que sepan de las privaciones que costó conseguir cada hectárea. Que mediten cada paso, que desconfíen de todo lo que les parezca fácil. Y que redoblen el esfuerzo encarando lo imposible.-
- Usted siempre navegando contra la corriente...-
- ¿Y usted? Dando en la tecla. Ésa es la idea. A favor del agua van los que se entregan. Al músculo lo tensa el desafío.-
- Tiempos nada propicios para hablarles de desafíos, de lucha y sacrificios.-
- Mi querida señora, me quedará el consuelo del testimonio. Que sepan no sólo de la belleza de las rosas sino de las espinas que acechan en la vida. Ya reciben muchos mensajes donde todo es fácil y la felicidad la pueden comprar con una tarjeta de crédito. Usted ve los avisos en la tele donde todos sonríen y el plástico manda. No los enfocan cuando llega la liquidación ni cuando van al banco a pagarla.-
- Es el consumo Doña Potola.-
- Pero no hay necesidad de que lo estimulen tanto. Lo mismo ocurre con el juego. Gira la ruleta, gana el jugador y le sonríe una rubia. Luego la rubia tira los dados y también gana. Pero no muestran a los que se van llorando y a otros que se han llegado a suicidar porque habian perdido absolutamente todo. Eso si, como una paradoja, cuando termina el aviso la rematan diciendo que "es perjudicial para la salud" el jugar.-
- Yo me vuelvo a la cama Doña Potola, a ver si sueño algún número para jugar a la quiniela mañana.-
-¿Mañana? Le suspendo los dulces y el licor de mandarina como castigo.-


Domingo 4 de Julio 2010:
Una chispa fue la excusa para que la Sra. República abandonara la lectura y su mirada quedara prendada por las llamas del hogar. Por sobre sus anteojos, Doña Potola la semblanteó mientras seguía mentalmente la cuenta para no equivocarse en el tejido del chaleco, regalo de cumpleaños para su hijo.
- El misterio del fuego invita a viajar con el pensamiento.-
- Tiene razón, Doña. ¿Y por donde andaba?-
- Estaba leyendo sobre el 7 de julio, el Día de la Conservación del Suelo, y qué poca difusión ha tenido. Estoy segura de que si nombra a Hugh Bennett le van a preguntar en qué equipo juega.
Todo es fútbol, de la mañana a la noche y a la madrugada también. Ni para el 25 de mayo se vieron tantas banderas y gente con la cara pintada. Parecían escarapelas parlantes. Viene muy bien el fútbol para distraernos.-
- Doña, la gente se merece una alegría.-
- Estoy de acuerdo, pero qué mejor alegría si en vez de rescatar los goles que dicen que estaban secuestrados, con esa inversión no hacían de nuevo el Hospital de Clínicas que se está derrumbando sobre su historia. ¿No se merecen una alegría los jubilados, que siguen esperando el 82% móvil?-
- Nadie puede discutirle eso. Pero el fútbol moviliza hasta a las mujeres, Doña.-
- Todo viene bien para tirar la pelota afuera, señora. Y cuando digo esto me refiero a que a la realidad la esquivan tanto mujeres como hombres. ¿Se imagina si llegamos a la final? Creo que su amiga se calza la camiseta que le regalaron y se va de viaje al África. Su marido ya tiene un conjunto para ponerse. ¿Se acuerda el de expedicionario, cuando fueron a rescatar a los rehenes en Colombia?
No me los imagino. Qué quiere que le diga. Si se puso la boina en París para la manifestación, ésta oportunidad de lucir la bandera en su pecho no se la puede perder. Levanta la copa, se la pone debajo del brazo y se la van a tener que ir a pedir a Olivos, pues creo que no la va a largar así nomás.
- No empiece con sus ironías.-
Señora, qué mejor iniciativa para festejar el Día de la Conservación del Suelo que un decreto para incentivar el uso de fertilizantes. Simplemente para reponer lo que se saca en cada cosecha.-
- ¿Y los recursos Doña? ¿De dónde los sacamos?-
- De las retenciones, mi querida amiga. Esa renta extraordinaria de la que hablan, y que dijeron hasta el cansancio que era para distribuir, es lo que se tendría que utilizar en reponer nutrientes. En la cosecha siguiente nomás se notaría el cambio, y marcharíamos hacia el gran despegue productivo. Me hubiese gustado también que los municipios movilizaran a los niños y a los jóvenes a plantar árboles. Me encantó ver en las rutas de San Luis como plantaban árboles quienes reciben un Plan de Jefas y Jefes. Si todos los que reciben algún Plan plantaran árboles, evitaríamos la erosión del viento, y sería una caja de ahorro para las futuras generaciones.-
- Si presenta candidatura, la voto Doña Potola.- se hizo oír por primera vez Prosperina, que luchaba con la disminución en la sisa del pulóver que estaba tejiendo.
- Usted no se haga la graciosa y vamos a la cocina a preparar la cena, pues que yo sepa los goles pueden dar alegrías, pero no se comen. Y la panza sigue chiflando m'hija, cuando tiene hambre. De lo contrario, vamos a tener que seguir haciéndole agujeros a los cinturones.-


Domingo 27 de Junio 2010:
Entre las hilachas del poncho de cenizas con ojos de "ataja caminos", el trafoguero espiaba reclamando leña. Hurgó con el atizador Doña Potola y el corazón del ñandubay se ofreció cálido en la madrugada. Tomó de la leñera unos recortes de varilla para hacer base y le arrimó un par de rodajas del eucaliptus que volteó la tormenta. Las llamas se hicieron esperar lo que demoró la dueña de casa en quitarse sus pantuflas y calzarse las botitas de cuero de búfalo que le regalaron sus nietos. Con un pase de verónica digna del mejor torero se cubrió con su poncho color caminos y al pasar por la cocina se colgó en el brazo la canasta que preparó la noche anterior. Decidida, cruzó la galería. Prosperina apuró el tranco con el termo bajo el brazo y con la linterna buscando huella, mientras Cacique y Cautiva saltaban a su alrededor, desorientados por el madrugón.
- Deje atrás a sus regalones. Ya sabe que no quiero perros en el tambo.-
Con los chistidos de su dueña, volvieron los ratoneros al calor de sus cueros en la galería. Ya en el costado del corral de encierre, Prosperina la tomó del brazo.
- ¿Tiene miedo de caerse m´hija?- preguntó Doña Potola.
- Usted sabe que lo hago para que no tropiece. Si se llega a caer, Don Francisco me desuella. ¿Cómo le explico su capricho de festejar el cumpleaños de Don Luna en el tambo, a las cuatro de la mañana?
-¡Ni que fuera pueblera m´hija, válgame el cielo! Primero, no me voy a tropezar, salvo que algún descuidado deje algo en el camino. Esta huella la abrimos con el Gringo cuando ordeñábamos a mano. Calcule si la conozco. Y segundo, nunca dejé de hacerle una torta y una jarra de chocolate a quienes cumplen años y están en la fosa ordeñando para que en la ciudad tengan leche fresca.
- Tiene razón doña. ¿ Pero no era lo mismo un poquito más tarde?-
- Si se lo tengo que explicar de nuevo voy a creer que está tomando algo que le hace mal, o peor que esté insinuando que estoy muy vieja y que el sereno me puede llevar de viaje-
Al abrir la puerta del tambo la sonrisa de Don Luna quería decir "la estaba esperando." Doña Potola levantó las tapas de la canasta, sacó la torta y prendió la velita que sopló el homenajeado. Torta y chocolate simbólico y breve, pues las vacas esperaban.
-¿Almorzamos juntos?- invitó Doña Potola. Lo espero con su familia y allí aprovechamos para conversar sobre las terneras que hay que reponer.-
Sentada al lado de la cocina económica, la Sra. República empezaba el mate. ¿Qué dijo Don Luna?-
- Como los chicos, siempre feliz de cumplir años. Ya se le va a pasar cuando se vaya acercando a los míos. Preguntó si usted estaba durmiendo.-
- No le crea, señora. Le está haciendo una broma.-
- Ya la conozco Prosperina y sé lo que esconde esa sonrisa.-
- Señora, con una sonrisa, mucha paciencia y alguna que otra mirada firme, hemos armado un equipo de trabajo por el que no vacilo en levantarme a las cuatro de la mañana a festejar un cumpleaños en la fosa de ordeñe. Al menos, mientras pueda pararme por las mias.-


Domingo 20 de Junio 2010:
Luego de que el rezongo de los amargos ahuyentara el sueño que dejó la siesta, Doña Potola ordenó los sobres de semillas y los puso en su canasta cajoncito que le supieron regalar en el vivero.
- Vamos a la huerta.- invitó a la Sra. República. Don Gregorio y su crédito han preparado los almácigos y lo que hay que sembrar, se siembra. Aunque ya estoy un poco atrasada con el perejil que, según dicen, hay que hacerlo para el día de San Antonio. Póngase la capita que le tejí, pues a la sombra, el frío se hace sentir.-
¿Me quiere decir qué tiene que ver San Antonio con el perejil ?
- Lo toman como referencia y al santo, aparte de pedirle un novio, quienes seguimos haciendo la quinta sabemos que al sembrarlo en esa fecha, tenemos una buena producción de perejil. Después depende de cada uno el uso que le dé a la aromática: el toque al plato de guiso, preparar una omelette a la francesa, mezclarlo con el huevo en la milanesa, las posibilidades son infinitas. Todo esto sin enumerar las propiedades curativas que le asignan. ¡Cómo andan los quinteros! - saludó al abrir el portoncito de la huerta.
- La tierra está esperando, como siempre.- sentenció Don Gregorio.
- Acá están las semillas y no olviden de colocar los sobrecitos en las estacas.-
Doña Potola, no subestime nuestro conocimiento. ¿O pensó que vamos a confundir acelga con espinaca?-
- Don Gregorio, usted sabe que lo hago para cuando vienen los nietos, para que se les vaya haciendo el ojo. Prosperina vamos a renovar el espantapájaros que da pena como está. Le vamos a poner este capote amarillo que le da más presencia. Y usted m´hijo, alcánceme un zapallo mediano.-
- Ayer le dejé dos en la despensa doña.-
- Es para ponérselo de cabeza al muñeco. Sacamos el sombrero de paja y en el poste vertical lo clavamos como si fuera la cabeza, le ponemos de nuevo el pajizo y que los pájaros nos perdonen la sementera.-
- No me lo quiero topar en noches de tormenta cuando lo ilumine un relámpago. - sentenció Don Gregorio halagando la obra. -
- Apisone bien con el rastrillo y ponga regadera m´hijo, y no se olvide al puntear mezclarle la cama del gallinero cuando prepare la tomatera. Este año vamos a envasar más salsa. El año pasado nos quedamos cortos. Está muy callada señora. ¿Qué está pensando?-
- En la pasión que le ponen y en su confianza. Ya está pensando en la salsa y todavía no sembraron el almácigo para hacer los plantines de los tomates.-
- Siempre fue la quinta uno de los pilares de la economía familiar junto con la carneada. Desde la grasa para cocinar a los chorizos, morcillas y el queso de chancho que se hacía con los requechos... Todo se aprovechaba y durante el año estirábamos aquéllas reservas haciéndolas rendir. En el gallinero había conejos y hasta el palomar, en épocas de vacas flacas, daba el sustento.-
- Sería interesante doña hacer un cursillo de economía doméstica a nuestra dirigencia.-
- ¿Le parece? Yo tengo miedo de que se enojen ante la sola mención. A ellos les resulta mas fácil disponer de algunas partidas del presupuesto y no complicarse con el mensaje de que hay que trabajar y ayudar a los padres a parar la olla.-
- Yo insistiría doña. Vamos a invitarlos a preparar unos almácigos y que metan manos en la quinta.-
- Ahí aumentan mis miedos. Que confundan yerbabuena con alguna ortiga y luego me hagan un juicio laboral. Porque de leyes, sí que entienden. Sobre todo de aquellas que los amparan.-


Domingo 13 de Junio 2010:
Hace años que las tapas del aljibe de Doña Potola permanecen cerradas y con un candado. Sabrá la dueña de casa en que cajón de la despensa descansa la llave.
Todo comenzó el día en que uno de sus hijos jugaba encaramado con el eco de su voz que le devolvía el agua fresca de la cisterna. Al verlo, imaginó una tragedia y decidió clausurarlo. En esos tiempos ya tenían el molino instalado con su tanque y un segundo depósito de grueso chapón con una hornalla en la base para el suministro de agua caliente para toda la casa. Pero el agua de lluvia siempre tuvo una atracción especial para la dueña de casa y colocó en la punta de la galería una tinaja para lavarse la cabeza. Según ella, allí está el secreto de su cabellera, noche profunda donde la luna encontró descanso. Regresaba Prosperina del acarreo y apoyó el balde para salir apurada hacia el gallinero, donde el cacareo insistente delataba la presencia amenazante de los ratoneros.
- ¡Llame a sus regalones! -
- Debe andar una comadreja - replicó la dueña, protegiendo a Cacique y a Cautiva, que a pesar de la friega en el hocico de un huevo batido con querosene, seguían atraídos por el gallinero.
- Si es como usted dice, quiero ver el cuero de la que nos está dejando sin gallinas.-
-¿De día una comadreja? - preguntó la Sra. República.
- Si está con hambre o tienen cría se animan a cualquier hora.-
Como si hubiesen entendido lo que decían sobre ellos y demostrando su instinto cazador, apareció Cacique llevando del cogote la comadreja y se plantó en el parque mirando hacia Doña Potola que no le daba descanso a su aguja de crochet.
- Mírelo. Usted que no le tenía confianza.-
- ¡Lo estoy viendo y no lo creo señora! Es más, pienso que se equivocó. Antes venía con una gallina.-
- Doña Potola... No lo maltrate... Regálele una palabra de aliento. Yo le voy a dar un caramelo- dijo Prosperina buscando en el fondo del bolsillo de su delantal.
- M´hija, con lo que comen sus regalones tendría que tener un cubrecama con cueros de comadreja.-
- Usted no los quiere y los han elegido los "perros del Bicentenario."Al menos es lo que he leído.-
- Yo los quiero Prosperina, pero tiene que aceptar que de cachorros han hecho estragos. Ahora les he tomado confianza pues le ladran hasta a las lechuzas y con ellos duermo tranquila.-
-¿Han disminuido los robos, doña? - Ya no se habla tanto como hace un tiempo.-
- Eso es otra cosa. La gente está cansada de las denuncias y que no pase nada. Y el trastorno y el dolor de cabeza es para el denunciante. Usted sabe cómo era la vida en el pueblo y en las chacras: las puertas abiertas y a cualquier hora llegaba algún vecino. Traían algún queso de chancho, unos chorizos para la picada y nos arreglábamos con lo que había. Y el chinchón era la excusa para acompañarnos y para desenredar algún problema. Hoy todo eso se perdió en el olvido. Tranqueras cerradas y los perros ya no conocen a nadie porque la gente no se visita.-
- Era un tiempo muy lindo doña, tiene razón.-
- Hoy se mandan mensajes por la computadora o el teléfono pero no es lo mismo.-
- Ya lo creo.-
- El combinado de la sala que mis nietos piensan que es una pieza de museo, nos reunía. Escuchábamos algún clásico para hacerles el oído a los chicos y después sí ponían la música de moda.-
- Algunas canciones han perdurado, Doña Potola.-
- Y otras se las llevó el viento como a las hojas caducas. Pero lo importante era la reunión. Leerles a los niños las contratapas de aquellos discos gigantes. Allí se enteraban de la vida de los músicos, de lo que era una sinfónica o un cuarteto de cuerdas. Quizás suene a intrascendente hoy, pero era una forma de vida que nos la han robado, y entre usted y yo, no se adónde ir a hacer la denuncia...-


Domingo 6 de Junio 2010:
Apenas el sol va superando la sombra gigante de la araucaria por su porte y por el tamaño de sus piñas, según el nieto más chico de Doña Potola, se va adueñando de la galería y entibiando el cuerpo de los ratoneros que sufren en invierno por su pelo escaso. Pasó el cumpleaños de la Sra. República y dejó mucho para el comentario y algún contratiempo hepático por excesos en la ingesta.
-¿Otro tecito? - ofreció Prosperina a la homenajeada que descansaba en la reposera, inmóvil, ya que el vaivén de la hamaca no le venía nada bien a su jaqueca.
- Le voy a agradecer.- respondió muy bajo, mientras se pasaba la mano por sus cabellos a los que sentía como espinas en su cuero cabelludo.
- No dije nada y me arrepiento. - el medio tono de Doña Potola era al mismo tiempo "siento lo que le pasa pero... ¿A quién le vamos a echar la culpa?"
- No la entiendo doña. -
- Le pusimos toda la carne al asador para festejar el cumple pero no era para que la comiera...-
- Doña Potola... Cualquiera que la escucha va a pensar que soy una glotona...-
- Y no va a estar errada mi amiga. No se cuántas empanadas, pues le perdí la cuenta.-
- Tiene razón...-
- Del locro ni hablemos. Con la excusa de ponderarle la mano a Prosperina, bien que le hizo un merecido homenaje. Fueron...-
- Fueron 2 cazuelas, doña.-
-¿Con picante o me equivoco?-
- No se equivoca. -
- Del asado con cuero no me quiero ni acordar. Don Gregorio iba y venía con un trozo mejor que el otro, según él, y usted agradeciendo con una sonrisa. Sabemos que es muy cumplida pero había tiempo a la noche o al otro día, ya que el asado con cuero es tan rico frío con el aliño que prepara Prosperina.-
- No hable más de comida Doña Potola que se me mueve la canoa, y el río está calmo.-
- Y eso que no mencioné la bebida.-
- En eso fuí prudente doña, pero le reconozco que probé el vino patero que mandó Doña Lucre de San Juan. -
-Y con la torta, el mistela...-
-¡Y qué iba a hacer, doña! Si cada uno se acercaba para saludar, ofreciendo un brindis.-
- Muy buena excusa señora, pero... ¿Sabe que vamos a hacer? Venga. Despacio vamos a caminar y respirando profundamente vamos a cambiar el aire. Juntaremos unos limones y yo le voy a preparar una limonada componedora. Quiero que se ponga bien, así podemos ver las fotos que trae mi nieta a la tarde, y vaya a saber las bromas que habrán preparado con la computadora.-
-Los chicos estuvieron magníficos. Imagino lo contenta que estará con ellos. Me han hecho pasar un día inolvidable con sus canciones y en el momento del baile, no se quedaron atrás. Y todo se lo debo a usted, que me hace sentir parte de su familia.-
- Espero que nos dure este clima que a nivel País nos ha despertado su festejo. aunque algunos se lo han querido apropiar... Pero la gente conoce las agachadas del tero. Por más que la quieran distraer con bengalas y desfiles, saben que a fin de mes todo sigue igual y hay que parar la olla todos los días. No son eternas las fiestas, como los laureles que cantamos en el himno. Ya empezamos a respirar fútbol y pareciera que todo gira alrededor de una pelota.-
- Se hace cada 4 años, Doña Potola y el mundo entero está pendiente de lo que ocurre en Sudáfrica.-
- No soy una aguafiestas, que le quede claro, pero debe coincidir en que se nos va un poco la mano. Es más, suponga que salimos campeones. ¿Qué cambia? Llegada a Ezeiza, caravana, balcón en la Casa Rosada y fotos. Y nuevamente papelitos por el aire y el batir de los parches del bombo. Me da pena que otros logros no se tengan en cuenta. Me hubiese gustado que en la 9 de Julio se hubiera lucido la cosechadora que fabricó Alfredo Rotania, y que fue la primera del mundo autopropulsada. Qué mejor manera de extender la mano hacia el campo y cuando digo "campo" digo hombre de mano abierta y mirada franca y no concentración de riqueza. Algunas cosas faltaron.-
- Tiene razón Doña Potola.-
- Como el Pericón, mi amiga, pero tuvimos el "circo beat y los 40 años del rock nacional". Mi Sra. República... ¿Se siente feliz?-
- Hay que seguir caminando Doña Potola. Usted me entiende.-


Domingo 30 de Mayo 2010:
Al pasar por la despensa y pensando que habían olvidado la luz encendida, la Sra. República introdujo su mano entre el marco y la puerta entreabierta y oprimió la llave de luz.
- ¡No me deje en oscuras que estoy en lo más alto de la escalera y no abran la puerta porque me caigo como una pera del árbol! - reclamó Prosperina.
Junto con la disculpa volvió la luz, el suspiro de alivio y la sonrisa nerviosa de quien sostenía en sus manos la olla de barro que durante todo el verano, durmió junto a los frascos de conservas.
- Menos mal que no se me cayó la olla, pues Doña Potola me pone en penitencia y me saca del testamento.-
- No será para tanto, m´hija...-
- ¡No sabe cómo la mezquina! Se la trajo de regalo desde Jujuy el Sr. Francisco hace ya unos cuantos guisos, y a ella le encanta llevarla de la hornalla a la mesa y se queda extasiada mirándola mientras comemos. Pasaron varios inviernos hasta que dejó que yo la lavara... No me tenía confianza. Decía que había que esperar que se enfriara, pues de lo contrario se iba a quebrar. En fin, no se cuántas historias me hizo.-
Sonrió cómplice la Sra. República ante el gesto de silencio de la dueña de casa, que se desliza como una sombra y siempre parece llegar en el momento apropiado.
- Cualquiera que la escuche m´hija, va a pensar que detrás de las historias hay una fabuladora...-
- ¡Hay, Doña! - giró sobresaltada Prosperina - ¡Se pusieron de acuerdo para matarme de un susto!-- ¿A qué historias se refiere su crédito Doña? -
- Le hablaba de las alfareras. De los secretos que supieron transmitirle sus mayores. No es sólo tierra, agua y sol esa ollita. Tiene, para empezar, siglos de búsquedas hasta encontrar la solución al problema de dónde hacer sus alimentos que tenían los pueblos originarios. El secado al sol al principio y luego, vaya a saber cuánto tiempo pasó hasta la llegada del horno, al que seguramente adoptaron al calentar los recipientes y comprobar que así tenían otra resistencia. También tiene algo que la hace especial y mientras la tengo humeante sobre la mesa, trato de imaginar el rostro de quien la hizo y le agradezco tanta ternura que me regaló al acariciar el barro dándole esta forma que a mi me parece hermosa. Y de yapa, por si hay que agregarlo, me la trajo de regalo mi hijo.-
- Desde el mensaje de las hojas, el rumbo de las estrellas a las manos alfareras, Doña Potola, me ha cautivado una vez más con las vivencias que cuando no las percibo, usted me las hace notar.-
- Mi señora, tenemos tanta prisa en estos días que ni los tiempos biológicos queremos respetar. Mire lo que pasa con la ganadería. Reparar el daño a la base productiva va a llevar años. No se arma un rodeo de acuerdo a las urgencias políticas, ni todas las campañas agrícolas son como la que nos regaló el cielo este año. Basta ver qué estragos hizo la sequía del año pasado. Por eso tomo con pinzas las planillas porque esto no es una ecuación matemática. A todo el capital, las maquinarias y las semillas que prácticamente no tienen techo en su rendimiento, le tenemos que sumar la tecnología divina que es el clima.-
- De la alfarería saltó a una computadora Doña Potola.-
- Es que está todo relacionado. Tierra, agua y conocimientos de siglos para hacer una olla. Y también conocimiento, investigación e inversión para llegar a ese mundo maravilloso que entierra una semilla y la experiencia de toda una vida del agricultor. Si bien hoy la información llega desde cualquier rincón del mundo, cada rincón es distinto al otro. De lo contrario, ya podrían haber diseñado una máquina que siembre y coseche, manejada por una computadora desde Puerto Madero, y no es así.-
El aroma de los dos dientes de ajo dorados para "hacer fondo", como dice Prosperina, se sintió aún más con la cebolla y los morrones y el guiso se puso en marcha.
- Salgamos.- invitó Doña Potola - Vamos hasta el galpón que están bajando la semilla de trigo.-
-¿En qué quedamos con el trigo? ¿No era que lo veía verde?-
- Verde cuando salga. Por ahora la semilla es dorada. Debe ser por el precio que tiene, señora.-


Domingo 23 de Mayo 2010:
La mesa larga de la galería resultaba escasa para dar cabida a los recuerdos que buscaban la luz abandonando las valijas donde por años Doña Potola había guardado la ropa de sus hijos que por distintos motivos eran especiales para ella. Bombachas de campo con algún bordado de flores bien a la usanza gardeliana que usaron para una fiesta de la tradición, cuando el Pericón era el cierre obligado del acto de la escuela, botas, sombreros, pañuelos y las infaltables fajas con guardas que lucían en la cintura.
- ¡No me diga que está por abrir una tienda! - sonrió al terminar la frase la Sra. República. - Lo único que le falta, mire. -
- Voy a aprovechar la fiesta patria y que mis nietos ya tienen el tamaño para usar la ropa de sus padres, para que luego se la lleven a su casa y se hagan cargo de sus recuerdos. -
- Imagino cuántas imágenes regresan con cada prenda que vuelve a ver. -
- No está errada señora. En aquella época bailaban folklore y destrozaban algunas botas con esos malambos que parecían una tropilla desbocada cuando bailaban todos juntos. -
- No habrá sido para tanto...-
- No se crea. Se habían fabricado una plataforma y parecía que tiraban abajo la casa, hasta que incorporaron un bombo y entonces les dije "basta". Los mandé al galpón. Entonces llegaron las quejas de Don Gregorio que les ha tenido tanta paciencia.-
- La misma que ellos le tienen ahora doña; a veces los reta como si todavía sus hijos fueran chicos.-
- Es la ley de la vida señora.-
- ¡Qué hermosas fajas!-
-Esas se las trajo el Gringo, desde Santiago, en un viaje que hizo con otros chacareros amigos que buscaban más tierra. Monte, por supuesto y empezar de nuevo. Yo me opuse.-
- Qué raro que esquive un desafío... -
- Era demasiado. Desmontar y hacer prácticamente el campo ya era demasiado para mi. Y algo me iluminó pues de haberme quedado sola, lejos de mis familiares, no se qué hubiera hecho. Fíjese: el sólo mirar esas fajas cuántos recuerdos avivan. Y para quienes las conservan, el sólo pensar que alguien se pasó horas frente al telar, le debe por lo menos un homenaje a esas tejedoras. -
- Tiene razón doña. -
- Quienes viajan en el vértigo del paseo y de un nuevo paisaje no digo que no valoran, pero lo toman como algo natural que en los pueblos que visitan, haya una tejedora en el patio de la casa a la que confunden como parte del entorno. ¡Si supieran el tiempo que lleva la elaboración de cada prenda! ¡Ni hablar de las que tienen su majada! Esquilan, lavan la lana, la hilan y finalmente se sientan frente al telar. -
- Se olvidó del teñido.-
- Y para eso recolectan cortezas y raíces buscando colores.-
- Cuánta razón mi amiga...-
- Vamos a recordarlas juntas, aquella copla que así las nombraba:
"Cantaba junto a las ollas
lo que nadie pudo oír.
El monte da sus secretos
al que hierve su raíz."

Aspirando el vapor en esas ollitas, las tejedoras nos han regalado su habilidad y el color de la tierra, sin nada extraño para confeccionar esas prendas que son nuestra esencia. Ya me los imagino probándose la ropa de sus padres y yendo a la fiesta patria en la escuela y luego bailando para festejar su cumpleaños.-
- ¡Doña Potola! - se la escuchó a Prosperina, recriminando por desarmar la sorpresa de la fiesta del cumpleaños de la Sra. República.
- Venga mano m´hija, que sólo dije que iban a bailar los chicos. No hablé del locro, de las empanadas, de la vaquillona con cuero ni de la carrera de sortija...-
- Doña Potola... Usted sí que no tiene remedio.-


Domingo 16 de Mayo 2010:
Luego del bajativo que prolonga la charla de la sobremesa nocturna, la dueña de casa abrió la puerta de la galería y el fresco de la noche entró en la casa sin pedir permiso. Hizo girar la llave de medio punto, la que se negó a entregar cuando se cambiaron los cables forrados de aquellos años y las llaves modernas que como un contrasentido conviven con los ladrillos asentados en barro.
Desde el borde de la galería buscó en el cielo a sus amigas.
- ¿No está muy fresco para salir a contemplar las estrellas? - preguntó la Sra. República mientras Prosperina llamaba a sosiego a los ratoneros para que no se mojaran en el pasto, donde el rocío se había refugiado para pasar la noche.
- No me gustó cómo se puso el sol señora, y trataba de percibir alguna señal de tormenta pero no. Mire el cielo. Parece que nos invitara a viajar de estrella en estrella, como hacía El Principito. -
- Me sorprende citando al escritor francés. Viniendo de usted, esperaba que recordara a alguien de la comarca.-
- Si quiere caminar cerquita nomás le nombro a Don Yerbabuena, el mielero. Al contar de sus oficios intangibles, decía que era cazador de versos y estrellero. Dueño de una pluma que abrevaba en la esencia, nos decía: "Yo tengo un oficio señora, estrellero. Comprendo en qué forma conversa la luz. Yo sé la guarida que tiene el lucero de las Tres Marías. Conozco el sendero y sé por qué causas no sale la cruz."-
- Hermoso Doña Potola, admiro su memoria.-
- Y yo la sufro...- acotó Prosperina.
- Mas allá del embrujo de las palabras está la esencia de la cultura popular. El poeta sabe de la guarida del lucero y porqué no sale la cruz. Lo que le está diciendo es cómo se va a presentar el día de mañana. Lo mismo que Saint Exupéry, que se aventuraba en los vuelos nocturnos en nuestra patagonia: "El islero tiene en el cielo su brújula. De noche todos los arroyos y las islas parecen iguales pero él sabe encontrar el rumbo para llegar a su rancho después de recorrer el espinel y de revisar la trampas."-
- ¿Vio la estrella fugaz Doña Potola? - preguntó exaltada Prosperina.
- La vi, m´hija.-
- ¿Se anima a pedir un deseo? - murmuró la Sra. República.
- A pocos días de su cumpleaños la más indicada es usted.
Tiene razón Doña Potola.-
- ¿Qué le gustaría recibir de regalo a la Sra. República en su cumpleaños? -
- Nada que tengan que ir a comprar. Lo aclaro aunque no es necesario en esta época de monederos flacos. Pero desde acá, mirando el cielo y enancándome en el resplandor de la estrella, le pediría mesura a quienes hoy tienen la responsabilidad de regir el destino de los argentinos.
Algo muy simple y por simple olvidado. Mientras nosotros hablamos de gobierno, otros países denominan "administración" al período que les toca ejercer la representación de todo el pueblo.
Son períodos que ordena la Constitución y que fueron modificados según conveniencia de quienes se tendrían que preocupar por hacer las cosas bien y no prolongar su permanencia. Y ésto va desde las comunas hasta las gobernaciones y también la presidencia de la República. Ya hemos hablado entre nosotras cómo estaba prohibida la reelección y el parentesco en Santa Fe "la vieja". Todo ésto antes de la fundación de Buenos Aires por parte de Juan de Garay. En vísperas del Bicentenario me gustaría sentir que los hombres y mujeres que se deciden a participar de la política lleguen al puesto que les toque ocupar con humildad y vocación de servicio. Con eso, me doy por cumplida. Ése es mi deseo. -
- Señora, era sólo una estrellita. Me parece que tiene que esperar a que pase nuevamente el cometa Halley. Y para eso, faltan unos cuantos años. -


Domingo 9 de Mayo 2010:
A pesar del trajín que el día impone, si el tiempo lo permite, la caminata de Doña Potola y de la Sra. República se altera sólo por la estación del año.
- El otoño va mezquinando la luz, doña, y usted la charla. ¿Tiene algún problema que no comparte?-- No mi amiga. Le parecerá una zoncera pero iba escuchando a las hojas que se quejan bajo nuestra pisada. No lo comente pues me van a mirar raro. Fíjese, empezaron a caer y luego desaparecen incorporándose a la tierra convertidas en nutrientes y ofreciendo vida.-
- ¿Y qué le dicen las hojas en su lamento Doña Potola?-
- No se haga la graciosa que hoy no abre el circo.-
- Doña... No lo tome a mal; aprendí tanto con usted que por eso le confieso mi ignorancia. No sabía que usted interpretaba hasta el lamento de las hojas al despedirse.-
- Mi amiga, siempre hablo con mis nietos como lo hice con mis hijos sobre el pequeño mundo que nos rodea. En estos días se habla de ecología y agricultura sustentable pero me animo a decirle que la mayoría de la gente no sabe qué árbol tiene plantado en la vereda. Salvo los viejos del pueblo que se resisten y continúan haciendo la quinta, pocos, muy pocos saben distinguir mirando las plantas en superficie qué se esconde bajo la tierra. Si son rabanitos o si al arrancar se encuentran con una zanahoria.-
- Usted ya está pidiendo mucho Doña Potola.-
- La comodidad señora, es prima hermana de la flojera, como dicen los sanjuaninos. Cuando vienen de visita se sorprenden por la quinta y se deshacen en cumplidos. Pensarán que de esa forma están pagando la canasta de verdura que se llevan. Ahora, que yo sepa, la tierra acá es igual a la del pueblo, pero es mucho más distinguido poner césped, un quincho para hacer asados y una pileta. Y la verdura la van a buscar a la verdulería.-
- Han cambiado los tiempos Doña Potola. ¿Cómo hace para que los chicos se entusiasmen con la pala y el rastrillo y con la azada para carpir los yuyos?-
- Como hacían nuestros padres y nuestros maestros. Con disciplina y ejemplo, aplicándoles el reglamento.-
-¿No estará insinuando algún castigo físico?-
- No mi amiga. Una hora de quinta y una hora de computadora. Jueguitos o lo que se les ocurra. A nosotros nos hacían ver lo que rendía una hora. Preparando los almácigos, transplantando y luego encañando y atando los tomates y las chauchas. Mire, me hierve la sangre ante tanta desidia.-
- Tiene razón.-
- Como casi siempre. -
- Nunca me habla de esos "casi siempre." Usted sabe a qué me refiero. Sobre todo cuando los ánimos están influenciados por el viento norte.-
- ¡Amiga! Empezó burlándose por lo de las hojas y ahora me trata de loca. El viento norte tiene su leyenda, pero no es mi caso. Dicen que a los que los ha mordido una bicha, se ponen alterados. Puede que me saque un poco, como dicen mis nietos, pero estoy segura que el camino correcto es el del trabajo. ¡Andan cantándole a la vagancia! ¿No ha escuchado por ahí que piden que llueva café? A mis años, si de algo estoy segura, es de que no va a llover trigo ni maíz ni soja. Aunque algunos funcionarios piensen que hay que poner unos fuentones y juntar con palas impuestos a retenciones y luego repartir algo para mantener a los votantes alerta en las próximas elecciones. -
-¿Todo ésto sale de lo que le comentaron las hojas?-
- Poco a las hojas. De escuchar cómo cantan los pájaros y de observar a la sociedad, señora.-


Domingo 2 de Mayo 2010:
El reflejo del sol era un relámpago en el brillo del hacha que se hundía en el tronco. La pila de leña crecía del parrillero hasta el horno de barro.
- Don Gregorio, no se olvide dejarme una estiba de recortes para la salamandra del pasillo, que es la que mantiene tibio el corazón de la casa.-
- Doña Potola, hace más de 20 años que me hace la misma recomendación. Ya está cortada. Sólo falta apilarla al costado de la cochera y los cajones de piñas para iniciar el fuego ya están llenos.-
- Tiene que respetar los años y el olvido que ellos traen.-
- Doña, usted no se olvida de nada. Y para que no me recuerde lo que viene, le cuento que la olla grande ya está limpia y con una capa de grasa de la buena, para el locro del 25. Hay que festejar el cumpleaños de la Sra. República.-
-Baje la voz, que está en la galería leyendo y la familia quiere darle una sorpresa. Las chicas están organizando un Cabildo Abierto y los muchachos una pulpería de época, con partido de pato y carrera de sortija.-
- ¡Dios santo doña, la que me espera!-
- Ni le cuento a mi - dijo Prosperina, que trataba de alejar a Cacique y a Cautiva que husmeaban entre los troncos algún rastro de sus enemigos.
- Ustedes tienen que coordinar solamente.-
- Discúlpeme. pero las empanadas las hago yo, lo mismo que el locro y los pastelitos de dulce. -
- Que me ayuden es una cosa, pero no arruinemos el festejo. Don Gregorio, usted se va a encargar de los matambres que tanto ponderan los invitados, y de la "con cuero", que será el plato fuerte.-
- No nos guardamos nada doña.-
- Son 200 años y le hemos dado tantos dolores de cabeza a mi amiga que debemos agasajarla. Ya saben: silencio y a organizar cada detalle. Venga Prosperina, acérquese con el mate a la galería. Quiero ver los diarios ya que se me fué la mañana en la quinta viendo qué frutales hay que reemplazar.-
La Sra. República asomó su mirada sobre el diario que mostraba en primera plana una foto con los manifestantes en el puente de Gualeguaychú.
- Viendo esa foto no quiero preguntarle qué dice la letra chica.-
- Complicado mi amiga. La "Causa Nacional", como la llamó el ex - Presidente, se ha tornado una carga muy grande para las relaciones con el pueblo uruguayo.-
-¿Y ahora?-
- Ahora habrá que apechugar. La Corte Internacional falló, eso lo sabemos. El tema es cómo seguimos adelante. ¿Vamos a la Corte y no acatamos el fallo y nos sentamos a tomar mate en una vigilia eterna, cortando la ruta internacional?-
- Usted me pide demasiado Doña Potola, los jueces llegaron hasta ahí y usted pretende que yo tenga la solución.-
- Mi amiga, creo que como siempre, se usó el estilo costero.-
- ¿Cuál es ese estilo?-
- El del sauce. Por los brazos caídos señora. Dejamos las cosas para más adelante. No ponemos a tiempo los límites y todo tiene una fecha de vencimiento. Que si ganamos nosotros, que si ganaron ellos o empatamos. Lo mismo da. La planta está funcionando y se alentó el sueño imposible de que iban a moverla. ¿Recuerda la reunión del Corsódromo, con los gobernadores, intendentes y la proclama llena de intenciones buenas? Todo eso quedó en la nada. Y le desconfío a los paños fríos.-
- ¿A qué se refiere doña?-
- No se olvide que estamos buscando el voto de Uruguay para el diputado candidato a Presidente de la Unasur.-
- A usted le parece que...-
- Falta poco mi amiga. Ya veremos.-


Domingo 25 de Abril 2010:
La humedad era una invitada pegajosa que andaba por la casa, instalándose en los rincones.
- Tenga cuidado Doña Potola - advirtió Prosperina - la galería está hecha un jabón.-
- Hasta la primavera m´hija no le pase mas el lampazo con kerosene, porque es una combinación fatal.-
Las casuarinas peinadas por la brisa dejaban caer algunas gotas con un repiqueteo sonoro sobre el zinc del techo. Los árboles del parque, siempre amigables con sus sombras, se insinuaban como gigantes amenazantes en medio de la niebla.
El poncho color camino de la dueña de casa, cual capa de torero, dio un giro en el aire y descansó sobre sus hombros. En el extremo de la galería se detuvo tratando de percibir a través de sus oídos lo que no podían ver sus ojos. El sonido del motor avanzando por el boulevard y la luz de los faros rompenieblas asomándose entre los eucaliptus, le hicieron cosquillas en la nuca.
- Doña Potola... ¿Está por ahí? - preguntó la Sra. República que a paso lento y con un mate en la mano avanzaba en la sombras.
- Si señora y con ganas de tirarle de las orejas a Francisco por andar con esta niebla sin ninguna necesidad.-
- Tómese un mate y quédese tranquila. Su hijo conoce de memoria los caminos.-
- Pero hay muchos imponderables señora. Algún animal suelto y hasta un perro saliendo de improviso le hacen hacer una maniobra impensada.-
- No se ve ni lo que se habla. - murmuró Prosperina acercándose con el termo.
- No eche leña al fuego usted y encierre a los ratoneros, que nos vamos a enredar con ellos y a dar con la humanidad por el suelo. Lluvia, humedad y falta de piso. Se va atrasando la cosecha y en vez de sumar, vamos para atrás, señora.-
- Hay que esperar que amanezca doña y todo se va a aclarar.-
- ¿Usted cree?-
- ¿Usted no, doña?
- Le hacía una broma. Venga, vamos a la cocina señora, pues mi hijo me va a retar porque dice que me tengo que cuidar de la gripe. Según ellos, estamos en edad de riesgo lo mismo que el país.-- ¿Ya empieza? ¿No es muy temprano doña?-
- Anoche, cuando usted se retiró, me quedé viendo en la tele a un alto funcionario que hablaba del riesgo país y casi me convence de que no hay inflación. Diga que no estaba distraída, de lo contrario me tragaba el sapo. Me acosté y me quedé pensando. ¿Cómo harán para levantarse y salir todos los días a tratar de convencernos de que se están acomodando los precios? Lo único que falta es que nos digan que tenemos el monedero descosido y que por allí se nos escapan las chirolas.-
- Cuando paguemos la deuda se va a descomprimir todo Doña Potola. Ganaremos en confianza ante el mundo y van a bajar las tasas.-
- ¡Mi señora! Con las tasas podemos tomar un mate cocido, los platos los guardamos en el aparador pues la comida va a estar escasa.-
- Cuando usted se pone ácida no hay caramelo que la endulce doña.-
- No somos nosotros quienes enredamos la madeja. Cuando se gasta más de lo que entra, a la larga se termina en la manga. No alcanza la plata y ya no queda lata en la que puedan meter la mano.
- Dios dirá cómo termina esta milonga Doña Potola.-
- Todo termina señora, pero siempre queda una cuenta pendiente que terminamos pagando nosotros.


Domingo 18 de Abril 2010:
Luego del almuerzo prolongado y de la copita de licor de mandarina, Doña Potola enfiló sus pasos hacia su dormitorio. Cerró la puerta y se asomó al pequeño patio invadido por el jazmín paraguayo que ella se niega a podar. Según sus nietas, la abuela tiene una terraza privada, como la de las doncellas que escuchan serenatas.Recordando la broma de sus regalonas, se vio parada sobre el colchón de hojas de los robles que hacen de guardianes del quincho parrillero. Apoyó sus pies con sumo cuidado para no aplastar los retoños del año pasado que quiere ponerlos en tarros para armar un pequeño monte de robles plantados con sus nietos.
El cielo gris amenazante y las hojas secas que deambulan desorientadas ante su cambio de color y este ir y venir que les propone la brisa. No hay muchas oportunidades de estar sola en esta casa y pensó equivocadamente: esta siesta es mía.
Enfiló sus pasos hacia la quinta que está pegada a la casita de muñecas de sus nietas, otrora morada del parquero, dispuesta a revisar los frutales. Los naranjos, que son tan propensos a los parásitos, mostraban sus hojas relucientes, lo mismo que las mandarinas. Las plantas nuevas de lima que le trajeron de Corrientes, prometían una primera cosecha. Recordó su infancia y las frutas estrujadas entre sus manos ya que el jugo de las limas es dulce pero la pulpa es bien amarga. Se tentó con una granada olvidada en la planta. Al tomarla, la cáscara abierta por la madurez le mostró los granos relucientes. La peló guardando las cáscaras en el bolsillo del delantal, previendo algún contratiempo estomacal en los chicos por el atracón con la fruta pintona. El sabor dulce y penetrante fue un pasaje de ida a otra siesta y a otro tiempo. Cuando nos queremos acordar y aunque estemos en otoño, ya estamos caminando por las tardes grises del invierno. Las hojas que cambian de color al igual que nuestro cabello nos van mudando de estación.
¿Por qué será que cuanto más nublados están los cielos, los días son más cortos y nuestro paso más lento, nos persiguen con mayor frecuencia los recuerdos de la infancia?
Cantó un zorzal y agradeció en él a todos los pájaros que no habían descubierto la granada oculta por la rama que la cubría. Venteando entre las hojas Cacique se encontró con Doña Potola, detrás su dueña: Prosperina. ¿Me están espiando?-
- Doña Potola... ¿Cómo se le ocurre? Yo la hacía durmiendo la siesta y usted sabe el olfato que tiene Cacique. Desde la galería ya me marcaba que alguien andaba en la quinta.-
- Hizo bien m´hija, no me haga caso. Quería caminar sola recordando aquellas siestas de la infancia, cuando nos encerraban con el pretexto de los duendes que acechaban a los niños.-
-¿Se siente bien doña?
- Como nunca. Ya los días son más cortos y hay mucho que hacer. Está bien la siesta en el verano pero con la fresca hay que aprovechar las horas de luz que nos regalan. Déjela descansar a la Sra. República. Yo voy hasta la planta de silos a ver como anda el secado de maíz y a recorrer con Francisco los lotes donde vamos a sembrar trigo. Me preocupan los números y a quién le vamos a vender. El cereal no lo compran los molinos y ahora los chinos parece que tampoco quieren comprar soja. Prosperina le voy a confesar algo.-
- ¿Qué ocurre Doña Potola?-
- Si tuviera que empezar de nuevo pondría una casa para vender quiniela, prode y lotería.-
- ¿Y eso por qué Doña Potola?-
- ¿No ve que es lo único que da ganancias sin arriesgar nada, Prosperina?-


Domingo 11 de Abril 2010:
Simulando una escena de otro tiempo, cual caballero que acompaña a la dama hasta su silla, el viento dejó a los pies de Doña Potola unas hojas de fresno con las que estuvo bailando en la galería.
- El otoño está llamando a la puerta señora. Vamos a caminar por la quinta y a disfrutar de la tarde que nos ofrece un sol cálido todavía.-
- ¡Cómo cambia todo en unos días Doña Potola! -
- Al igual que nosotras mi amiga. Una de mis nietas que recién está floreciendo como su primavera, me escribió una carta con una carga enorme de nostalgia por su infancia. Ayer nomás jugaba con sus muñecas y se dormía en mi falda. Hoy mira aquellos días como postales que la acuarela de sus ojos pintó en su memoria con alguna lágrima.-
- La vida doña, nos va poniendo piedras en el camino y aunque tropecemos debemos levantarnos y seguir. Algunos son más sensibles y se animan a expresar lo que piensan. A otros hay que adivinarles la mirada para saber por donde andan. Pasa el tiempo y no se cual etapa de la vida lo hace con más prisa.-
- Tiene razón. Allá en la infancia se nos presenta la vida llena de esperanzas y de años que uno tiene para gastar y no reparamos que cuando niños, estamos viviendo recuerdos. Sin los compromisos aún, que no tardarán en llegar. Es el tiempo ideal, hasta que nos damos cuenta de que los regalos del pesebre los dejan los padres. Esto siempre y cuando los padres puedan comprar algún regalo.-
- No me olvido, Doña Potola. La pobreza sigue golpeando, calándose en los huesos a través de los pies descalzos de tantos niños que vienen al mundo sin un colchoncito tibio para acunar el sueño y sin un plato de comida.-
- Nada más desesperante que no poder darle de comer a los hijos, señora. Algunos lo llaman "irresponsabilidad" por traerlos al mundo. Yo creo que es ignorancia. Le echan la culpa a la bebida, que ayuda a conciliar el sueño a quienes no tienen mañana. Yo no la defiendo, pero es mucho más grave el alcoholismo de quienes toman para divertirse y matan a un inocente manejando ebrios. -
- ¡Quién entiende al hombre, doña! -
Tendrían que dar muchas explicaciones y nosotros también señora, pues nos tiene que doler la mirada desolada de un niño indefenso. Quienes pagamos los impuestos y las retenciones y no se cuántas cosas más, debemos exigir que no dejen a un solo ciudadano desamparado. Se la pasan haciendo anuncios de lo que hicieron y para eso gastan fortunas que calmarían el frío y el hambre de tantos niños. Los impuestos siguen creciendo como el aparato que administra la caja y nosotros nos quedamos tranquilos, mirando caer las hojas del otoño.-
- No se amargue doña, que le va a subir la presión.-
- ¿Cómo no quiere que monte el picaso? Hay provincias donde todavía no empezaron las clases y nuestros amigos se la pasan en la tele dando cátedra de cómo solucionar los problemas mientras crece la deserción escolar y venden droga en las esquinas de los colegios.-
- Está entrando el sol Doña Potola... ¿Pegamos la vuelta?-
- Deberíamos dar una vuelta de página y comprometernos mucho más. Está visto que si los dejan solos, nos parecemos a las hojas que el viento lleva y mueve a su antojo.-


Domingo 4 de Abril 2010:
Los nietos mayores dijeron "presente" muy temprano. Los varones con Don Gregorio y las mujeres con Prosperina. No es la primera vez y cada uno conoce la rutina que le corresponde. Motivo de la reunión: una nueva cosecha en marcha. -
Hay que celebrar con todos los integrantes del equipo y con los amigos contratistas que también aportan lo suyo. Lo mismo que los jóvenes ingenieros que buscan experiencias en la voz de Don Gregorio y sonríen ante la repetida broma de Doña Potola,"a ustedes, les falta viento en la cara".
Hubo para los tempraneros tortas fritas y amargos. A las 12 estaban programadas las empanadas que llegaron puntuales con un vaso de vino para darle clima a la final del campeonato de sapo.
Entre bocado y bocado un trago y en el aire el desafío de alguna apuesta.
- No es bolicho esta casa - se escuchó la voz de Doña Potola. El único premio es un lechón y un cordero para el ganador y una boina bien paqueta.-
Se acallaron las apuestas mientras la dueña de casa le cerraba un ojo a la Sra. República que sonreía levantando el vaso mientras daba cuenta de su segunda o de su tercera empanada. Se revoleó una moneda para ver quién tiraba primero. La cara elegida traicionó al chinito, el hijo del chino Luna el tambero, que heredó del padre las facciones y el apodo. El otro finalista era Don Gregorio, que durante años fue dejando marcas en la boca del sapo y alguna en los labios de la vieja. No cuentan los puntos. Es a suerte y verdad. Seis fichas y los sapos mandan. Nervioso el chinito Luna por tanto público, probó suerte y cerca estuvo pero parecía que el batracio le había cerrado la boca. Hundió las manos en los bolsillos de la bombacha y esperó por su rival. Veterano en estas lides, Don Gregorio acomodó las fichas en la mano izquierda, el pié derecho sobre la línea de tiro, el hombro izquierdo ligeramente levantado, el dedo pulgar envolviendo el bronce cascado para hacerlo girar en el aire dándole el planeo exacto. A medio vuelo Prosperina gritó: ¡Sapo! Y la ficha, con el sonido característico bajó para quedar inmóvil en el casillero que marca los 600. Aplausos y final del duelo. Don Gregorio, con un abrazo, le regaló la boina al chinito Luna.
-¿Cómo sabía que embocaba? - preguntó la Sra. República a una Prosperina que sonreía con la suficiencia de una entendida.
- Por la postura del tirador, señora. Cómo se para y coloca el cuerpo. Una palabra lo define: Armonía.-
- Mire usted Doña Potola lo que me vengo a enterar mirando un partido de sapo.
- Señora, de una partida de sapo fíjese cuántas cosas podemos sacar en limpio. Aplomo en el momento preciso. Nada de ponerse nervioso porque no le sirve a nadie y Prosperina dijo la palabra mágica: Armonía. Es lo que deberian encontrar nuestros amigos que tienen que tomar decisiones y lograr el tan promocionado consenso que parece ausente en todas las reuniones del parlamento. Ausente digo porque no tratan de encontrar soluciones a través del diálogo, sino que tratan de imponer cada uno su idea. Ni hablar de compartir el premio, como hizo Don Gregorio. Armonía es la palabra. Los sapos, con la boca abierta, la están gustando.


Domingo 28 de Marzo 2010:
Como una llovizna, cae lento el silencio del domingo. Los perros duermen luego del trajín de la semana con la hacienda, y si bien no los dejan entrar a los corrales, el movimiento los excita y caen rendidos por la noche. Cacique, por su instinto ratonero, es el primero en responder poniéndose de pie al menor movimiento en la cocina. Prosperina, como todas las mañanas fiel a su rutina, les dedica sus primeros minutos de actividad a distribuirles la comida, que es retribuida por el movimiento gracioso del escaso rabo que lucen sus regalones.
- Buenos días, Prosperina. -
- Buenos días, señora. ¿La desperté o estuvo desvelada?-
- Todo lo contrario. Dormí muy bien luego de varias noches de serenata que nos dieron los terneros destetados y las madres que los llamaban. -
- Ya han partido para los lotes de pasturas y volvió la calma, señora. Si se va a sentar en la galería, enseguida me acerco con el mate.-
La Sra. República ubicó la hamaca de mimbre y se sentó mirando hacia el molino, que al girar con la brisa mañanera reclamaba una engrasada.
Desde la ruta se escuchó un salmo religioso.
- ¡Son los promesantes! - se agitó Prosperina, que avanzaba con los elementos del mate y su famoso bizcochuelo de las 14 que parecía pintado.
- Gracias por recordarme que pasa la procesión, pues por un momento creí que venían a buscarme los ángeles cantando.-
- Doña Potola, ni en broma me diga que piensa o que sueña que la vienen a buscar. Está bien y muy fuerte todavía.-
- Hay que empezar el día con una sonrisa m´hija, aunque todo esté revuelto. ¿Acaso no la ve a la Sra. República, mirando cómo gira el molino y olvidándose por un rato de los dolores de cabeza que le están dando sus muchachos en el Congreso? ¡Créame que le admiro señora su paz y tranquilidad para esperarlos! Yo no tengo tanta paciencia.- - Doña Potola... Si bien usted se altera lo mismo que la sociedad que votó por un cambio ya hace unos cuántos meses, no se olvide que la democracia es muy joven todavía. -
- ¿Y por eso se aprovechan? -
-No dije eso doña. Creo que están tomándole el pulso a que la oposición ahora es mayoría y no sale todo como quiere el ejecutivo. -
- Señora, entiendo que nuestra democracia es incipiente, pero ya es hora de que se asuman ciertas responsabilidades. -
- ¿A qué se refiere Doña Potola? -
- No deben ser tan distintos para unos y para otros las leyes que ubiquen nuestro barco en el rumbo correcto. En la época de la globalización pretenden con tres camiones de merluza aliviar la canasta familiar de semana santa, salvo que los manejen Jesús y alguno de sus apóstoles y se repitiera el milagro de multiplicar los peces. Con el respeto debido yo no la hubiese dejado a la Sra. Presidente exponerse al desgaste de una parodia montada por quienes pretenden cuidar su imagen.
- Se alteró la paz del domingo. - se animó Prosperina.
- De domingo a domingo m´hija. La gente tiene el derecho de tener un plato de comida que no dependa del humor de ningún burócrata. Vamos, vamos a mover las tabas para que no se nos haga tarde para la misa. No quiero perderme la bendición del Padre Germán, que tanta falta nos hace.


Domingo 21 de Marzo 2010:
En la pileta del patio. al costado del parrillero, flotaban los membrillos. Prosperina, con un cepillo al que no le mezquinaba energía, los dejaba lustrosos para el primer hervor previo a la pelada. Doña Potola calculaba de acuerdo a la experiencia la cantidad de frascos para envasar la mermelada.
- Lástima que los membrillos maduran cuando los chicos han empezado el colegio.-
- Si señora. Ésta es una de las recetas que me falta pasarle a las chicas. Es muy sencilla, pero tiene pasos que se deben respetar. Mientras se disfrutan algunas comidas y golosinas no le damos la importancia de atesorar sus secretos pues pensamos que el tiempo no pasa y que quienes lo preparan van a estar siempre con nosotros. Será porque nunca me salió la crema que preparaba mi abuela y para rellenar las naranjas que vaciaba con su paciencia infinita. Ya fué, como dicen los chicos ahora. ¡Qué no daría por tener frente a mí aquel postre y hundir la cucharita sobre la clara batida a nieve y quemada con el suncho! Cierro los ojos y me parece percibir el azúcar quemada que perfumaba la infancia.-
- ¿No son muchos frascos?- preguntó la Sra. República.
Prosperina, sin darle descanso al cepillo y con su mejor sonrisa retrucó: Señora, cuando pasa la langosta apenas si dejan algunos. Diga que Doña Potola tiene unos lugarcitos secretos en la despensa, de lo contrario no llegaríamos a la cosecha siguiente.-
- Nos acompaña el día - desvió la charla Doña Potola. El otoño tendría que ser la temporada para las vacaciones. La gente anda en pleno verano al rayo del sol y se achicharran estaqueados sobre la arena. - El otoño es hermoso aunque melancólico, doña. ¿No le gusta más la primavera?-
La primavera es la vida palpitando donde florece la quinta y cuajan las flores; y el otoño nos da la posibilidad de envasar colores y sabores para atemperar el frío del invierno.-
- Se me ha puesto casi sabia.-
- La sabiduría nos la regalaron los mayores enseñándonos a trabajar y regalándonos como la mejor herencia sus consejos culinarios que nos alegran el paladar.-
- Una cosa que no he visto en su casa es algún libro de recetas.-
- No señora. La mayoría tienen cosas extravagante y carecen hasta del arroz con leche. Yo le voy a dejar a la mayor de mis nietas un cuaderno con mis apuntes para que ella luego les haga una copia a sus hermanas y a sus primas. Hablando de recetas, quienes tendrían que editar un libro son nuestros ex gobernantes.-
- ¿Son buenos cocineros Doña Potola?-
- No creo señora. Es más, si usted les pide un guiso le arman un desaguisado. Mejor no les pida nada pero eso sí, tendrían que dejarnos un relato paso a paso de todas las medidas que tomaron sin olvidar ningún detalle.-
- ¿Cree que podemos repetir alguna experiencia?-
- Todo lo contrario señora. Para no volver a repetir esta penosa decadencia que lleva décadas y que nos ha relegado a los últimos lugares en el concierto de las naciones.-
- Habría que proponérselo a alguna editorial doña, ahora que están tan de moda los libros.-


Domingo 14 de Marzo 2010:
El silencio fue ganando la casa. Los nietos de Doña Potola partieron a cumplir con sus respectivos colegios para alivio de Don Gregorio, quien no les pierde pisada y los aleja de los peligros que acechan siempre en el campo.
Prosperina descansa, pues se achicó la mesa y por supuesto, el tamaño de las cacerolas.
Sobre la mesa de la galería las cajas de fotos que son parte de la historia de Doña Potola muestran el desorden que dejaron los chicos, que verano tras verano buscan en ese abanico sepia, blanco y negro y en las de pleno color, sus orígenes. Preguntan por personajes que pasaron por la chacra en tiempos de cosecha y que volvieron a Europa, allá en los tiempos en que se venía a hacer la América.
- ¿Me ayuda, señora? - invitó la dueña de casa a la Sra. República, que miraba aquellos retratos y escenas de otros tiempos que dejaban ver la evolución de la agricultura. Casi un ejército alrededor del motor a vapor y de la polea que movía a la trilladora.
Alguna gringa que contemplaba la escena con una sombrilla para escaparle al sol, un sulky y desde la casilla de madera con ruedas de hierro, alguien que ofrecía un brindis simbólico con la tasa enlozada de mate cocido.
Doña Potola y sus muchachos subidos a la caja del rastrojero el día que llegó al campo. Lucían una sonrisa al darle la bienvenida al compañero que los acompañaría por años.
- Qué tiempos... - murmuró la Sra. República.
- Lindos, porque los vivimos plenamente. Pero no soy de los viejos que dicen que "todo tiempo pasado era mejor." Mi amiga Enriqueta, la hija de Don Toribio, siempre me lo recuerda... ¡Los fríos que pasamos! Ardían las orejas por los sabañones y el torno del dentista que parecía que andaba a pedal, nos hacía ver las estrellas.-
- En eso tiene razón. El avance de la medicina ha sido fantástico, doña. -
- Yo puedo dar fe. De no haber sido por los avances, hace un tiempo que ya me tendría que haber ido. Pero hay algo señora que se resiste al cambio, a pesar de que pasa el tiempo y se parece más a esta foto sepia que a las modernas que los nietos guardan en sus computadoras. -
- ¿A qué se refiere, doña? -
- A la trenza política. Del color que elija. Del centro, de la izquierda, de la derecha. Parece que quieren que el país siga siendo en blanco y negro. Ellos, sus familiares y los amigos se turnan para seguir disfrutando de las mieles del poder con una fórmula muy sencilla. Caminan el país, hacen unas cuántas promesas, y luego se hacen los distraídos inaugurando rotondas mientras el tiempo poco a poco deteriora escuelas y hospitales y las rutas tienen más remiendos que el traje del espantapájaros que tenemos en la quinta. -
- Doña Potola... ¿Si volvemos a las fotos? -
- Tiene razón mi amiga. Quiero encontrar una alegría en aquellas sonrisas lejanas. -


Domingo 6 de Marzo 2010:
Con el sonido de fondo del vehículo que se alejaba y el ladrido de los perros, por el extremo de la galería se recortó una Doña Potola desconocida, acompañada por Prosperina que lidiaba con los diarios y algunas bolsas de las compras pueblerinas.
- ¡Que elegancia! - exclamó la Sra. República desde la mecedora de mimbre.
- No empiece con sus bromas...- retrucó la dueña de casa. Usted me dice qué elegante y mis nietos, que no me conocían. Voy a empezar a emperifollarme más seguido señora. No le digo que voy a estrenar un modelo por día, como hace su amiga Cristina, ni tampoco abusar de la peluquería y el maquillaje como hacen las senadoras y las diputadas, pero vamos a vestirnos para la cena y a mudarnos de la cocina al comedor. A usar las copas y la loza que sólo ven la luz cuando hay visitas. --¡Bien dicho! - exclamó Prosperina, al tiempo que acomodaba los diarios en la mesa junto a las bolsas. Hubiese visto señora lo contentos que estaban los chicos sacándose fotos con la abuela. -
- Yo pensé que lucía como una actriz madura, por la vuelta a la tele. -
- Señora... No abuse de su suerte. Una más y no le convidamos un sólo bizcochito de grasa. Usted sabe que en la tele, gracias a Dios, no nos ven, sólo nos escuchan mientras pasan imágenes muy bellas. Y en la revista, la gente que lee la página, nos debe imaginar vaya a saber cómo.-
Mientras ofrecía el primer mate, Prosperina se sumó a la rueda diciendo:
- El señor Francisco me contó que unos amigos le preguntaron si usted era gordita y retacona.-
- ¡Que piensen lo que quieran m´hija! Estoy a tono con nuestros representantes.-
- ¿A qué se refiere, doña?-
- Señora, no peque de ingenua. Los candidatos ponen una cara simpática acompañada de un discurso comprador y después vienen las sorpresas. No reconocen que nos han traicionado y abusado de nuestra buena fe y le echan la culpa a la herencia recibida. Me pregunto si elegimos a quienes podían solucionar los problemas del País o a quienes encontraron una veta para él, para sus familiares y sus amigos. Páseme un bizcochito que no tengo problemas con la balanza como imaginan algunos. Lo mejor para no sentir ninguna ñaña es tener la cabeza ocupada y andar todo el día en horario corrido detrás de las vacas, de las semillas, de los fierros que se rompen y a ver si queda alguna chirola en el banco. Y en el tiempo libre, una debe ser una madre comprensiva, una suegra simpática y una abuela que siempre está dispuesta a decir que si. Cuando por las noches apago la luz le confieso que muchas veces, antes del segundo Avemaría, me quedo dormida y no me duele nada.-
- Doña Potola...-


Domingo 28 de Febrero 2010:
Otra tarde de lluvia que lleva alivio e ilusiones de buenas cosechas y a otros desolación. En el galpón se aprovechan las horas para ordenar y reparar. A los nietos mayores, el encargo de limpiar y colocar en el tablero de herramientas las llaves que se apilan sobre la mesa de trabajo. Los más chicos dando vueltas por la casa y revisando los cajones de la abuela, son una plaga a la que hay que encontrarle ocupación o entretenimiento. Las mujeres en la cocina, conciliando con Prosperina entre las infaltables tortas fritas, buñuelitos o los pastelitos de dulce. Para el resto, juegos de damas, loterías y para los pensantes del grupo, un tablero de ajedrez y el pedido de silencio a los más chicos para entregarse al juego ciencia. Doña Potola, aficionada al juego que dejó hace tiempo por no tener con quien practicarlo, seguía la partida de reojo.
- Si mira tanto el tablero se va a equivocar en el tejido.- la buscó la Sra. República, quien a esa altura de la tarde, sólo le faltaba leer los avisos clasificados de los diarios que por la mañana recibe del pueblo.
- Me trae recuerdos, señora. Aprendimos a jugar al ajedrez en la escuela, pues por aquellos años el maestro, director y portero era un muy buen jugador aficionado. Le voy a contar algo que hoy provoca una sonrisa de sólo imaginarlo. -
- Es un juego donde no caben muchas bromas, doña. ¿Qué travesura está recordando? -
- No es ninguna travesura, mire. Mi padre pasaba por el correo. Allí teníamos una casilla postal y en ella depositaban las cartas que recibía nuestro maestro recién llegado. Además de las familiares, recibía cartas de otros aficionados al ajedrez que disputaban partidas que duraban meses y algunas años.-
- No le creo.-
- Señora, es la pura. Abría la carta en el recreo largo de la merienda, me hacía armar el tablero con el archivo de las cartas en la mano, repasaba la ubicación de las piezas, analizaba la jugada que le enviaban en la carta, hacía la suya y le contestaba a su oponente. Con los años supe que a la mayoría no los conocía. Se contactaban a través del club de ajedrez y era una relación y un entretenimiento, que le hacía tolerable esas soledades de maestro rural.-
La partida de los nietos había llegado al nivel de las definiciones y el jugador de las negras estaba complicado.
- Me parece que lo han acorralado y tienen a la Reina en jaque - comentó en voz baja, cerrando la vuelta del tejido. ¡Está como el Gobierno, pobre! -
-¿Qué dice Doña Potola? -
- Muy simple, señora. Usted sabe cómo es el juego en esencia. Se van sacrificando piezas y los peones son los primeros en caer. Alfiles, caballos y torres podríamos decir que son los asalariados, las Pymes y la clase media. Échele la culpa a la inflación, a la falta de crédito y al cierre de exportaciones. Por último están sacrificando a la Reina, exponiéndola a un desgaste de discursear todos los días mostrándose enojada hasta con su sombra, pues no tiene bien acomodado el flequillo que tanto le preocupa. -
- ¡Doña Potola, no puedo creer que en su cabeza quepan tantas elucubraciones!-
- El ajedrez me ha abierto el pensamiento señora. Ésto es una guerra encubierta y uno aprende a pensar antes de la próxima jugada. Le tengo que agradecer a la distancia al maestro que me enseñó las primeras letras y las tablas. Y a los desconocidos que con su carta me mantenían expectante hasta la próxima jugada. Cualquier cosa le echamos la culpa a ellos o a mi maestro.-
- Doña Potola...


Domingo 21 de Febrero 2010:
La madera terciada ya descolorida por los años y que oficia de escenografía para el teatro de títeres, salió del envoltorio que la tuvo protegida por algunas temporadas. El telón de cortinas coloradas hechas con retazos parecía dispuesto a que comenzara la función. En la caja en la que llegó al campo el primer televisor blanco y negro, los personajes aguardaban por la mano que les diera vida y por la voz exagerada que mejor pintara al personaje.
- Ya que se acordaron de los títeres, sería bueno que le dedicáramos un rato al vestuario. Vamos a lavar los trajes y a retocar con pintura algunas caritas que merecen un tratamiento de belleza.-
- Abuela... - insinuó un rezongo la nieta, que se mostraba ansiosa por ensayar la obra.
- Vamos. - invitó la abuela. Es todo tan pequeño que en un rato los dejamos como nuevos. Preparen un fuentón con un jaboncito liviano y los volvemos a la vida. Pregúntele a Prosperina cómo fué aquella tarde en que los estrenamos con sus padres y sus amigos. Mire cómo está el lobo feroz con los mandobles que el guardabosque le propina cuando viene a rescatar a Caperucita y a su abuela. Da lástima en lugar de miedo.- La caja guardaba varios elencos para representar otras tantas obras que, según los artistas, iban poniendo en el horario que llamaban "vermouth". Esto es entre la merienda prolongada en el tanque australiano y la hora de la cena. En el fondo de la caja, una media docena de libretas con tapas negras de hule, como aquellas del almacén del pueblo en otros tiempos, esperaba por los actores con la letra de cada obra para el reparto de los papeles. Un revólver de fundición con su carga de cebita le ponía dramatismo cuando lo requería la obra.
- Con tantos personajes el vestuario que imagino quedará espléndido, casi nuevo. Y la troupe de artistas que no se achican en la actuación y menos cuando hay que cantar, podría organizar una gira por los pueblos vecinos. - reflexionó la Sra. República.
- No se si una gira como en otros tiempos, cuando no me dolían tanto los huesos. Íbamos al hospital, al asilo de ancianos y a las escuelitas de campo. Pero eran otros tiempos señora. Hoy es tan difícil competir con la tecnología que ofrece la computadora y tanto jueguito al alcance de la gurisada.-
- ¿Pero quién iguala Doña Potola la magia del arte, tan antiguo como el hombre? Dicen los que saben que en el momento en que pusieron en las manos de un niño un muñeco, allí empezó el diálogo que no se ha interrumpido hasta nuestros días.-
- Y que seguirá, mi amiga. Tal vez haya perdido adhesión entre los niños, pero hay gente grande que se siente atraída por los muñecos y que están dispuestos a poner su cara, su cuerpo y su nombre para que alguien con poder los mueva y les haga decir lo que a él le conviene.-
- Doña Potola, ya veo adónde va.-
- Ojalá todos se dieran cuenta, pero no, siguen aplaudiendo. No sé si por la puesta en escena o aplauden por el alfajor que reparten al final de la obra. Uno puede disculpar a los pobres muñecos, maltratados y luego olvidados hasta la próxima, pero no puede tolerar que hombres grandes, que a solas se muestran reflexivos y se ofrecen como la solución para tantos problemas que tiene el País, se comporten en esta comedia como obedientes lacayos dispuestos a asentir con su cabezota lo que dice el amo y luego aplaudir para no pasar desapercibido en la comparsa. ¡Alegría de los niños los títeres señora! Nostalgias de otros tiempos para los mayores y una gran tristeza por los muñecos del entorno que ponen la cara para recibir las cachetadas que debieran hacer blanco en el rostro de quien les escribe el libreto.-
- Doña Potola...-


Domingo 14 de Febrero 2010:
Prosperina y sus dos ayudantes asignadas volvían con sus brazadas de ropa limpia recién descolgadas de la soga. La galería se había transformado en un improvisado taller de costura. Sobre la mesa larga se iban doblando las prendas que no se planchaban, mientras la otras eran rociadas y esperaban su turno al lado de la tabla de planchar.
- Revisen lo que necesita costura, remiendo ó botones ausentes - recomendó Doña Potola.
Las dos cajas de lata que oficiaban de costurero siempre fueron la tentación de los más chicos. Al levantar la tapa hilos y botones de colores se ofrecían como un arco iris encerrado. Entretuvo a los más inquietos repartiendo ternas iguales de botones que prometían largas partidas de tatetí.
-¿Que es esta pera?- preguntó el regalón tomando el mate cerrado con el que se zurcían las medias.
La explicación de la abuela vino acompañada de una demostración práctica. De la bolsa de las medias descartadas tomó una e introdujo el mate que dejó al descubierto un talón gastado por donde parecía sonreír la pequeña calabaza.
-¿Se da cuenta de la ayuda que prestaba? Así una podía... - y le mostró con una aguja sin hilo como se iniciaba la paciente tarea de tiempos que hoy parecen tan lejanos.
- No la vas a arreglar, abuela.-
- No por falta de ganas, pero ahora las medias no cuestan tanto o hemos perdido la costumbre del ahorro. En aquellos tiempos, moneda que entraba en la alcancía tenía que tener un buen motivo para salir.-
-¿Y si no las arreglás, para qué tenés esta bolsa llena de medias?-
- Las estuve guardando para un momento como éste. -Desplegó el contenido sobre la mesa y empezó a elegir ante la mirada desconcertada y llena de preguntas del nieto.- Mire, tomamos una hoja de diario y hacemos una pelotita bien apretada.-
-¿Y después?-
- Después la introducimos en la media bien al fondo, retorcemos alrededor de la pelotita y le damos una media vuelta para volver a retorcerla, siempre bien apretada. Repetimos la operación y la introducimos en otra media, hasta llegar al tamaño que le queremos dar a la pelota de trapo.-
-¡Sos una genia abuela!¡Vengan a ver la pelota que está haciendo Potola! - Los jugadores de tatetí, al escuchar pelota, abandonaron los botones.
- Espere que falta la terminación.- Tomó una aguja de las medianas y le cosió la boca prolijamente. La pelota se ofrecía tentadora. Es para jugar en la galería de atrás, así no rompen los vidrios ni las plantas. - dijo al tiempo que la hizo correr por las baldosas coloradas. Eso si, no la mojen porque se pone pesada.-
-Usted siempre saca un conejo de la galera.- dijo la Sra. República que había contemplado la escena cautivada.
- Conejos de mago, pídame los que quiera. Ya sabe la fama que tienen, pero no me pidan que las vacas entreguen más de un ternero por año.-
-¿Porque me salta de los conejos a las vacas?-
- Porque escucho cada cosa señora... ¡Resulta que ahora la culpa de todo la tiene la lluvia porque los productores siguen engordando novillos hasta dejarlos redondos!¡Por favor! No se le puede decir a la gente que por culpa de la lluvia aumentó la carne. Quien hace terneros, cuando llegan a un determinado peso los vende a quien los puede engordar. El invernador o el feedlotero lo lleva al peso de faena y lo vende. Nadie sigue engordando porque sí. Cada paso de la cadena tiene sus compromisos y hay que vender para pagar las deudas. No es como en otros negocios donde se puede especular. El "ahora vendo, ahora no vendo" no existe en la cadena de la carne. El productor manda a la feria y el mercado le pone el precio. Esto es tan simple como hacer una pelota de trapo, mi querida señora. Pero parece que no lo entienden. Hablando en criollo, para mi les falta potrero. Y si algún dia lo pisaron, llevaban la pelota, de lo contrario no los dejaban jugar.-
- Doña Potola...-


Domingo 7 de Febrero 2010:
Entre acorde y acorde que nos regalan las chicharras, el silencio y la espera. Un duende con su barba larga y su traje multicolor les da cuerda. Así nos lo pintaban allá en la infancia. Una breve pausa y la batuta que da la orden para que los violines se dejen oír, armoniosamente afinados.
En el extremo del parque, desde el tanque australiano devenido con los años en pileta, la algarabía de los nietos de Doña Potola se dejaba oír compitiendo con las chicharras.
- ¡Menos mal que a la siesta descansa la mitad de la compañía! De lo contrario, imposible pegar un ojo y descansar en esta casa.-
- Usted duerme muy bien por las noches señora. Si hasta me parece que las chicharras afinan sus violines con su ronquido...-
- Doña, pégueme un chistido.-
- Se quedaría entre las paredes de 60 de la casa, salvo que tenga un clarín en la mesa de luz.
- Sosiegue, si me sigue acomplejando me voy a ir a dormir al galpón.-
El silbido de Don Gregorio dobló la galería antes que su dueño y que el nieto mayor que empujaba la carretilla.
-¿Dónde dejo los lechones, abuela?-
- Al lado de la parrilla, donde Prosperina le dejó un par de asaderas. Y tráigame de paso unos limones de la quinta, por favor.-
- Abuela...-
- Vaya y venga sin protestar, así ve como le vamos dando sabor hasta mañana, antes de cocinarlos. Y usted Don Gregorio, saque a los varones del tanque y que arrimen leña.-
- Usted siempre me da algún encargo para que los chicos me quieran.-
- Use de anzuelo que ya están listas las tortas negras para tomar la leche.-
Tanteó la paleta y los jamones y los regó con sal gruesa.
-¿Abuela, cuántos limones abro?-
- Ocho. Los vamos rociando suavemente sobre la sal y mañana los damos vuelta para que caigan boca abajo en la parrilla. No hay ningún misterio.
-¿Y en el lomo, abuela?-
- Unas pinceladas de vez en cuando de aceite con un chorro de limón para que no se seque el cuerito.-
La Sra. República seguía la acción con una sonrisa .
- Si se me olvidó algún detalle, avíseme.-
- Doña, usted sabe que no se ha olvidado de nada, pero me sorprende esta nueva coincidencia con su amiga...-
-¿A qué se refiere?-
- A los lechones, Doña Potola.-
-¡Ni me saque el tema!- contestó cortante - Y si se me vuelan los pájaros, discúlpeme que no es con usted. No soy la que encabeza las procesiones en el pueblo para el día de la Virgen, ni la que sube los escalones de rodillas. Pero a mis años, no esperaba los comentarios sobre las bondades de la carne porcina que hizo nuestra máxima autoridad. Se habrá sentido una sex-symbol, como dicen ahora, frente a un auditorio repleto de hombres que la miraban incrédulos mientras ella, con un estudiado gesto de inocente púber, relataba como se comía el cuerito crocante y luego ensayaba una sonrisa para ayudar a la imaginación de quienes a esa altura la imaginaban en ropa interior con una copa de champagne, junto a la chimenea.-
- Doña... Hay que ser un poco más flexible. Hoy ya se da Educación Sexual en las escuelas.-
- Y también les venden drogas en la puerta... Y la policía no hace nada... ¡Por favor! Mire, yo me quedé pensando en los hijos de su amiga y en el Primer Damo.-
-¿Por qué en ellos?-
- Porque los hijos no imaginan el sexo de sus padres. Y el pobre, en vez de ir hasta la farmacia, tendrá que caminar una cuadra más hasta la carnicería.-- Doña Potola...-


Domingo 31 de Enero 2010:
Luego de la clase de lectura, la narrativa de un cuento y el comentario del mismo, volvía la Sra. República de la mesa bajo el alcanfor que le ofrece sombra y la quietud necesaria para que no se distraigan los alumnos.
- Muy temprano aún...- pensó al ver a Don Gregorio trajinando en la parrilla. Buenas brasas daba la leña mientras la pava oscura que en otro tiempo lució un enlozado color lacre ofrecía un mate cuando lo reclamaba su dueño.
- Si bien aumentó la carne, no me imaginaba un asado de verduras.
- Señora, hay que aprovechar lo que ofrece la quinta. Si bien han llevado al pueblo y he repartido con los muchachos, hay morrones, berenjenas, tomates y cebollas que asadas y peladas dan para hacer ensalada durante toda la semana. El sabor que ofrecen al mezclarlos es una delicia y pueden acompañar lo que gusten. Pollos, corderos y lechones en ese orden son las instrucciones de Doña Potola – dijo Prosperina apoyando en la mesa las ensaladeras. No mas carneadas por un tiempo-
- No hable de veda muchacha, no sea cosa que la escuchen y quieran repetir la experiencia.-
- ¿Se acuerda señora?-
- Aumentó la carne, se enojó el Gobierno y decretaron la veda. A raíz de ésto aumentó el pollo, se enojó otra vez el gobierno y decidieron importar pollos. Alquilaron frigoríficos para guardarlos y gastaron más en el frío que lo que valían los pollos. Un escándalo. Y finalmente terminaron en el cordón ecológico. Prosperina, páseme una fuente para sacar los tomates que ya están bien asaditos. Todo esto está muy lindo pero hay mucha gente que no tiene corderos, lechones ni pollos Don Gregorio. ¿Quiere decirme que van a hacer? -
- Alguien va a tener que dar una explicación mi amiga - dijo Doña Potola - y usted no sea mezquino y convide un amargo Don Gregorio.
- Las explicaciones no se comen doña.
- Tampoco las promesas que le hicieron a los productores que se inundaron. Que los calcinó la sequía y los ningunearon con los cierres de la exportación para que hicieran buenos negocios desde los feedlots hasta los frigoríficos.-
- Doña Potola, hasta hace poco el kilo vivo era igual al de hace unos años atrás y la carne había aumentado el 100% en el mostrador. Pero ahora es el kilo vivo el que aumentó. ¿A cuanto va a llegar un kilo de carne?-
- No tengo la bola de cristal mi amiga. Tampoco sabemos a ciencia cierta cuantos millones de cabezas nos quedan. A nivel oficial hablan de 52 millones. Para mi, faltan muchas cabezas para llegar a 50. Usted me pregunta cuál es el precio real y es lo mismo que preguntarse cuál es el precio del gas, de la electricidad, del combustible, del transporte, sin los subsidios. Llegamos a un punto en que para no seguir perdiendo plata los productores se desprendieron de las vacas y sin las vacas no hay terneros. Así de simple mi amiga. Si hasta ayer nomás consumíamos 74 kilogramos per cápita porque la carne estaba por el piso. Los que nos siguen en el consumo, que son los norteamericanos, apenas si comen la mitad de lo que comemos nosotros. Los europeos comen pollos, cerdos y muchos pescados y mariscos, como es el caso de los españoles. Pero carne, carne de vaca, sólo acá. Dicen que cuidan la mesa de los argentinos, pero ahora los quiero ver contando en el corral las pocas que quedan y comprueben que "en todo puchero gordo los choclos se vuelven marlos".-


Sábado 23 de Enero 2010:
Sobre los caballetes, las chapas de zinc atrapaban todo el calor del verano. Por las canaletas, en vez de correr el agua de lluvia, los higos prolijamente acomodados en hilera parecían las cuentas de un Rosario prometiendo dulzuras. Por las noches, un nylon los protege del rocío y muy temprano la tarea de los nietos es darlos vuelta para el secado parejo.
- Abuela... ¿Cuánto falta para guardarlos?-
- Mire bien un higo y luego míreme a mi - contestó Doña Potola.
- No entiendo.-
- Observe y saque conclusiones.-
Tomando un higo por el cabito se lo acercó al nieto.
- Cuando se van secando... ¿Ve cómo se arrugan? -
- Si.-
- Bueno, si está tan arrugado como yo, quiere decir que ya está a punto.-
- Abuela, vos estás arrugada como pasa porque siempre te estás sonriendo.-
- Ayyy, lo que me va a costar este piropo...-
- Yo le cuento Doña Potola. - respondió Prosperina. - Empanadas y un cordero para invitar a los amigos el sábado a la noche.-
- Estoy de acuerdo, pero antes rellenan los higos con las nueces.-
- Es la primera vez que la escucho dar el sí tan pronto.-
- Como se ve que las empanadas las hago yo - rezongó Prosperina.
- Venga señora - invitó a la Sra. República - Busquemos la sombra, que no quiero seguir arrugándome como los higos.-
- Lo que no le han dicho es que de postre están armando un baile...-
- Señora... no son hijas mías, pero algo creo conocerlas. Me alegro que vengan y me quedo tranquila sabiendo dónde están. El pueblo es chico pero ofrece demasiadas tentaciones, y ni le cuento si deciden viajar con la excusa de que acá ya se conocen todos.-
- Señora, no se cuándo empezó esta moda de empinar el codo. A nosotras nos convidaban con una Granadina. ¿Se acuerda? Esto de alcohol y drogas no existía. Tampoco había bailes tan seguido. Creo que ahora van a los boliches tantas veces como a clases.-
- ¡No exagere Doña Potola! -
- Hum... No debe haber mucha diferencia y la culpa la tienen los padres. ¿Usted ha visto en la tele cuando los entrevistan y muy sueltos de cuerpo muestran el arsenal de botellas que llevan a la playa? Dicen que es para "entonarse". ¿Qué dirán los padres cuando los ven? A mi me dan mucha lástima, pues parecen abandonados a la buena de Dios.-
- Abuela, acá están los diarios que trajo Don Gregorio del pueblo.-
- Guárdelos para prender el horno el sábado.-
- ¡Doña, no le va a echar la culpa a los diarios de todo lo que pasa!-
- Bueno, léalos usted y si encuentra alguna noticia, me la comenta. En eso tiene razón la Sra. Presidente.
- ¡Aleluya, no esperaba otra coincidencia! La semana pasada y ahora.-
- ¡Ahora! Ahora ella tendría que dar el primer paso y dejarse ver menos crispada. Nos habla TODOS LOS DÍAS, como si nosotros fuéramos los culpables y le diéramos un disgusto a cada rato para amargarle la vida. ¡Y quienes la alteran son jugadores de su mismo equipo, que ellos mismos eligieron antes de que empezara el partido! -
- ¿Doña, porqué usted cree que muchos de esos jugadores dan la impresión de que patean en contra?-
- Quizás no les guste el planteo del Director Técnico, o se pusieron la camiseta para la foto sin sacarse la que tenían cuando les compraron el pase.-
- Doña... -


Sábado 16 de Enero 2010:
El lucero en el horizonte, compañero y testigo de tantas madrugadas, parecía sorprendido ante la figura solitaria de Doña Potola en medio del parque. La tormenta había pasado y el Pampero con su aire fresco se había llevado las nubes. Una vez más la desazón ante los árboles caidos. En cada uno, recuerdos de cuando los plantaron y de los tutores renovados hasta que se hicieran fuertes. Recuerdos de floraciones, frutos y sombras que hoy caminan al olvido. La paralizó ver al sauce centenario. Acostado, parecía agonizante. Nunca imaginó este momento. Es más, para que lo respetaran, a los nietos les pedía que festejaran su cumpleaños tomando unos mates a su sombra cuando ella ya no pudiera hacerlo.
- Los árboles mueren de pie - murmuró, recordando el título de una vieja película, y lamentó la cara y cruz de la realidad y la ficción.
Le dió la espalda para no recordarlo caido y se encontró con la figura de la Sra. República, que la contemplaba a la distancia. Buscó en vano en la manga de su batón el pañuelo y ante su ausencia, pasó su mano por sus mejillas y dos lágrimas quedaron prisioneras en su puño.
- ¿No la dejó dormir la tormenta?-
- No pegué un ojo, señora y acá andaba, despidiendo a los amigos que ha tumbado el viento.-
- ¿Les preparo unos mates o prefieren un té?- preguntó Prosperina, que igual que a Cacique y Cautiva, los truenos la desvelaban.
- Prefiero unos amargos m´hija, así estamos a tono con el momento.-
La claridad buscaba la sombra y nuestras amigas sus hamacas en la galería.
- Está raro el clima, Doña Potola. No terminamos de reponernos de una y llega otra tormenta.-
- Si señora. Y para estar a tono, el Gobierno desató otra. Quiere voltear a funcionarios, jueces y hasta al Vicepresidente. Si tuviéramos la costumbre de ponerle nombre a los huracanes... ¿Ya se imagina cómo se llamaría ésta, no?-
- Doña, está amaneciendo y sin darme tiempo me sorprende como una centella.-
- ¡Hasta los ministros se sorprendieron! Estaban en la playa tomando sol, se nubló de golpe y tuvieron que volver corriendo a firmar el DNU. Le digo de paso que estoy un poco molesta con quienes redactaron nuestra Carta Magna.-
- ¡No me diga Doña¡
- Me desorienta, señora. Tiene tantas interpretaciones que cada uno dice tener razón, o al menos, es lo que declaman a los cuatro vientos.-
- Doña Potola, no es tan así. Hay sutilezas que dejan algunas puertas abiertas.-
- Mejor que las cierren, pues se cuela el viento que está soplando afuera y parece que es viento norte, por el mal humor que ha despertado.-
- Se han caldeado los ánimos. En ésto tiene razón. -
- ¿Caldeados? Yo creo que están hirviendo. Se han dicho de todo menos lindos en estas horas.
La escucho a nuestra Presidenta decir que “acá ocurren cosas que no pasan en ningún país del mundo” Y no está equivocada.-
- ¡Ah, bueno, ya es un adelanto, en algo coinciden!-
- Señora, estoy segura de que en ningún lugar del mundo al que produce trigo le pagan centavos y el pan vale varios pesos. Le cierran la exportación, no lo puede vender y si no tiene adonde guardarlo debe pagar por el almacenamiento, y para darle una mano le ofrecen un crédito. Si usted la hubiese querido complicar no la hacía tan difícil.-
- No entiendo nada del tema, Doña...-
- Ellos pareciera que tampoco, pero alguien se debe estar quedando con la diferencia que es muy grande y todo esto no se hace gratis. Y también la presidente tiene razón en que no hay otro país en el mundo en que se coma tanta carne mientras se están vendiendo las vacas, que son las fábricas de terneros, pues los productores se están fundiendo. Tampoco creo que haya en otros países tantos jueces amigos del poder y fiscales distraídos. Ni maridos que no son reyes, pero le regalan a sus señoras una banda presidencial sin hacer internas, pues que yo sepa, vivimos en democracia.-
- Doña Potola, desde ahora la tengo que llamar "Doña Tormenta".-
- "La tormenta" la están armando ellos. No me vengan ahora a echarme la culpa.-


Sábado 2 de Enero 2010:
Luego del desayuno bien temprano - hay que aprovechar la fresca, como dice Prosperina - partieron los nietos cada uno a lo suyo. Hay tarea para todos, aún para los más chicos. La abuela que siempre saca algo de la galera, logró esta vez que los más pequeños la acompañaran a recorrer los ciruelos y a juntar lo que han perdonado los pájaros. Entre una rama y otra, la sorpresa: Como una carpeta de aquellas que tejían las manos habilidosas, una arañita aplicada desplegaba su seda. Algunas gotas de rocío que se descolgaban de los árboles lucían perladas en la malla y recorrían los hilos hasta caer por su propio peso.
- Abuela! La araña está haciendo una malla de pescar! - exclamó el más chico.
- No la molestemos, venga por este otro caminito.-
- No abuela, mirá como va y viene.-
- Parece que tuviera un GPS - dijo el más grande.-
- ¿Que tiene qué? - preguntó Doña Potola.
- Abuela... ¡Un GPS! ¿No viste la camioneta de papá? Es una pantalla con los mapas y te marcan adonde querés ir.-
- Yo nunca precisé de un aparato para llegar adonde quería ir. No me vengan a embaucar con tanta tecnología porque dentro de poco van a tener un robot para que les sople al oído lo que tienen que hacer.-
- ¡Abuela, era una broma! ¿Pero cómo está tan segura de lo que está haciendo? –
Yo que ustedes me preguntaría cómo la araña supo que tejiendo una red, podía atrapar insectos para alimentarse. ¿Quién le enseñó al hornero a hacer ese nido tan perfecto? ¿Han visto ustedes el pico larguísimo de algunos picaflores para llegar al néctar? Las especies han evolucionado a través de millones de años para ofrecernos la diversidad que hoy podemos apreciar en la naturaleza. El hombre es el que me presenta algunas dudas, a pesar de todos los logros alcanzados.-
- ¿Qué dudas, abuela?-
- Me pregunto, apartada del mundo, juntando frutas con ustedes: ¿Por qué se sigue gastando en armamento más que en alimentos? Me desorientan quienes siembran odio y fanatismo. Guerras y muertes son el triste testimonio de nuestra historia de siglos. Da la impresión de que el hombre se ha olvidado de su misión en la tierra. -
- ¿Y cuál es la misión, abuela?-
- Trabajar todos los días para lograr un clima de armonía entre las distintas sociedades.
¿Quién piensa en el bienestar y en la armonía del mundo, si miramos para otro lado cuando vemos a un hermano que está pidiendo? Nos da vergüenza la pobreza y la negamos. Inventamos estadísticas que no reflejan la realidad. Se gasta más dinero en propaganda para decir lo que hacemos que lo que vale la obra en sí.
En una palabra, vivimos mintiendo en una sociedad hipócrita que sólo busca la salvación individual, sin importarle el bien común. Vengan, dejemos tranquila a la arañita tejiendo. Mosquito que caiga en esa trama de seda, será uno menos que nos moleste esta noche cuando festejemos la llegada del Año Nuevo.-
- ¡Otro año, abuela! Voy a cumplir nueve. ¿Y vos?-
- ¿Yo? Los que tiene que tener una abuela.


Sábado 26 de Diciembre 2009:
- La galería quedó chica, mi amiga. Pongamos distancia. - invitó Doña Potola a la Sra. República.
- ¿No va a abrir los regalos? -
- Más tarde... Igual le puedo decir que hay en cada paquete. Año tras año ya los viejos sabemos qué nos pueden regalar. No me quejo, eh. Salvo que me dejen un "vaucher", como dicen ahora, para el geriátrico del pueblo. -
- Doña... ¿Qué sería de la Navidad sin usted? ¿Se lo ha preguntado?-
- Nadie es imprescindible señora. Me pesaría el fracaso si no hubiera sabido crear las condiciones para que sigan reuniéndose y sobre todo trabajando juntos, que es lo más importante. Yo a usted le tengo que agradecer la compañía de este año, que me ha ayudado a comprender muchas cosas. He reflexionado junto a usted y me he sentido libre para hacerlo, expresando lo que sentía.-- Quizás demasiado apasionada en algunas ocasiones, doña... -
- No lo niego y no me arrepiento. Con la verdad "dicen" que no ofendemos. De chica me enseñaron que la pluma debe abrevar en vertiente cristalina y nunca traicionar el borbollón de sangre que corre por nuestras venas, y que a través de su pulso nos marca el camino.-
- Eso es muy cierto, doña. Los caminos están marcados.
-¡Qué le voy a contar a usted! Pero adonde me lleve el mío, seguiré con este amor inclaudicable para con la tierra.-
-¿Está armando algún viaje?-
- Nunca se sabe señora. Hay que estar preparada y con un equipaje no muy pesado. De ser así, y con quienes se comparten los mismos sentimientos, seguiremos en secreta comunión a pesar de la distancia. Estoy segura de que nos encontraremos en siembras y cosechas, dando gracias cuando el cielo nos regale una lluvia. El dejar de verse no quiere decir que uno se aleje, al contrario, siempre estamos volviendo. En los hijos y en la mirada de los nietos. Además... ¿Adónde puedo ir, si estoy tan firme en las raíces de estos árboles?-
-Doña Potola, quienes piensan en el olvido es porque han hecho muy poco para que los recuerden. Y no es su caso precisamente.-
- El viento lleva la arena señora, y poco a poco va cubriendo la memoria. Sabrán, quienes nos han querido, encontrar nuestra mirada en las flores que nos regala la primavera. En el dulce beso de un fruto maduro y porque no en la calidez de un vaso de vino.-
- Hablando de vino, Prosperina nos anda buscando Doña Potola, para brindar.-
-¡Venga m´hija! ¡Un abrazo a esta vieja protestona que tanto la quiere!-
- Doña Potola, salud. Y a usted señora, gracias por tantos consejos. ¡Por la Sra. República, a quien debemos cuidar! Si me permite doña, por todas las familias sembradoras representadas por usted y su familia, y a quienes viven en comunión con la tierra: ¡Salud!


Sábado 19 de Diciembre 2009:
Los panes que salían del horno se enfriaban lentamente en la galería, cubiertos con un liencillo. Prosperina, con el humor sensible guiaba a las nietas mayores de Doña Potola que oficiaban de ayudantes en la ceremonia de los panes.
- No me adjudico un milagro, pero año tras año hemos multiplicado los panes a medida que aumentaba la familia y el número de colaboradores.-
- ¡Tendrían que haber agrandado el horno!-
- Se fue agrandando con los años señora, pero tampoco vamos a tener uno como el de la panadería del pueblo. Estas son ocasiones especiales.-
- ¿Abuela, adónde pongo los instrumentos?-
- En el banco, que está debajo del pino, al costado de la Virgen. ¿Nos va a acompañar Señora? Vamos a hacer un pequeño ensayo de la sorpresa que quieren darle a los padres la noche de Navidad.-
Un chistido de la abuela que envidiarían hasta los suindá, acalló los gritos que venían del tanque australiano que oficia de pileta. Los chicos salieron al trote secándose para acudir a la cita. El más aplicado a la música tomó posición con su guitarra e inclinándose sobre la misma, trató de afinarla en medio del bullicio.
- Silencio -pidió la abuela puesta en directora de coro.
Asintió con la cabeza, se dejó oir la guitarra, levantó sus hombros y las voces regalaron:
Don dorondón, que los higos son verdes.
Dondorondón, que ya maduraran.

La Sra. República lentamente fue tomando distancia. A su espalda las guayabas y en sus ojos la glorieta con las enredaderas floridas que le hacen de ruta a la Virgen. Quería guardar esa imagen en su retina como una acuarela de la emoción contenida. Siguió el ensayo repasando el repertorio de aquellos villancicos olvidados en la memoria colectiva a causa de tantas canciones en inglés que llegaron con los pinos nevados y el Papa Noel que pasa en un trineo alado por estas pampas polvorientas. Con el último acorde, partió la orden de la abuela.
- Ahora a prepararse para la cena, así todos pasan por el baño. Venga señora - invitó sentándose en el banco. Disfrutemos de la puesta de sol. -
- ¡Cuánto hacía que no escuchaba alguna de estas canciones, Doña Potola! ¡Y el proyecto de coro!-
Suena lindo.
- Gracias señora. Tienen oído y le ponen ganas y paciencia para aguantar a la abuela. Las canciones son hermosas y si han sobrevivido a tantas oleadas extranjeras en su Estancia, por algo será.
Dondorondón, que los higos son verdes.
La voz de Don Gregorio llegó antes que su dueño apareciera detrás de la guayaba.
- Llegó tarde para el ensayo señor.-
- Sus nietos doña, cantan una cosa y hacen otra. Acá están las pocas brevas que pude encontrar en las higueras. Se las comieron todas y después cantan que los higos son verdes.-
- No proteste y disfrutémoslos mientras los tenemos cerca. Algunos ya se van a ir a estudiar a la ciudad y los vamos a ver de vez en cuando. Pero van a volver sobre los pasos de la abuela, al menos es lo que me cuentan. Casi todos quieren estudiar algo relacionado con el campo, salvo uno al que le gustan más las letras que los números. Espero que no sufra con la elección, ya que algunos dicen que los números dominan al mundo.-
-Doña Potola, también tiene que haber algunos que escriban canciones y nos alegren el espíritu.-
- Si mi amigo, que nos alegren el espíritu porque andamos bastante tristones, sobre todo si pensamos en quienes no tienen trabajo y en quienes la sequía los dejó sin nada. Le ruego a la Virgen para que multiplique los panes que están en la galería y que los lleve adonde su corazón lo indique.


Sábado 12 de Diciembre 2009:
La mañana invitaba a desayunar en la galería perfumada por el aroma de los azahares de los limoneros. De la mesa volaron los buñuelos y las tostadas untadas generosamente con las mermeladas de la abuela y también volaron los nietos hacia el galpón, donde los preparativos de la cosecha y siembra son un imán. Don Gregorio, que almacena tanta información como si fuera una computadora, recuerda quién se sentó en la cosechadora de acompañante y hoy en uno de los tractores que llevan las tolvas. Las mujeres se encargan de los termos para el mate y de algunas cajas de merienda que a esta hora son un estorbo, pero que a media mañana son muy requeridas. Silencio en la galería donde la dueña de casa y la Sra República parecían respirar mas tranquilas y hasta podría decirse que disfrutaban del silencio.
- Yo no abrí la boca Doña Potola , pero estoy segura de lo que está pensando. Algo así como "ya no tengo edad para que me dejen a los chicos todo el verano". Las madres se quedan tranquilas en el pueblo y si les pasa algo la culpa es de la abuela, que no los vigila. -
- ¿Y no tengo razón? Me asusta que se anden trepando en los tractores. -
- Doña... Están los padres cerca y Don Gregorio que no les pierde pisada. Además... ¿Me quiere decir que haría con las madres? Seguro que se sentarían en la galería todo el día y eso a usted le hace subir la presión. -
- ¿Se me nota? Es que vienen como de visita. ¡Yo quiero que vengan y se pongan la casa al hombro! Que hagan los dulces, que vayan a la huerta de vez en cuando y vean una planta de lechuga y no picada en la ensaladera.-
-¿Usted dejaría que se pusieran su delantal?-
-¿No se lo presto a mi nieta acaso? - Usted sabe que no es lo mismo. Sus nietas la van a heredar...
-¡Y ellas también!-
-Déjeme terminar Doña Potola. Sus nietos están dia a dia junto a usted bebiendo sus experiencias. Sus recetas, el almidón que aún hace para los manteles, el famoso licor de mandarina. Aprendieron las chicas a tejer y bordar y a los chicos hasta les enseñó a hacer los barriletes. La están heredando en vida y eso no se los puede negar. ¿Le parece que sería los mismo con toda la familia en la casa? Yo creo que no. Como no le gusta a usted, a ellos tampoco. Quieren la libertad condicional que usted les brinda y, por si no se dio cuenta, les gusta que usted les marque los límites. ¿Qué piensa usted que van a recordar cuando sean grandes y vengan al campo? Va a ser usted la que se les aparezca en cada rincón con sus cuentos y estoy segura que estará en cada acuarela que pintan sus ojos de la infancia. ¿Estoy equivocada?-
- No señora, pero ando un poco cansada y con dolores en la espalda.-
- ¡No alce mas al más pequeño! Ya es un ternero al que hay que destetar y usted lo tiene en la falda regaloneando. En cualquier momento se pone de novio, va a venir a visitarla y se va a querer sentar en la falda de la abuela.-
- No me acorte los tiempos. Usted me habla como si yo me estuviera despidiendo en cualquier momento y pienso dar pelea todavía. Venga, vamos a caminar hasta la cabecera donde están cosechando. Me gusta ver como la máquina devora las espigas que ayer nomás eran semillas y mañana serán harina y pan. Cada cosecha me conmueve y cada siembra me motiva. -
- Así me gusta escucharla. Con el ánimo bien alto.-
- Lo tengo señora, pero los años y algunas dolencias preocupan. Ya los huesos se quejan y los ojos de vez en cuando se nublan.-
- Si es por cataratas la acompaño y en diez minutos la dejan nueva. -
- No señora, se nublan por emociones simples. Dicen que los viejos nos ponemos muy sensibles. Pienso en los hijos, en los nietos... -
- Doña Potola, mírelos. ¿Acaso no ve que son del mismo palo? Con la pata en la tierra y un ojo en el cielo dando gracias. ¡Le salieron sembradores! El más puro y noble de los oficios y el más olvidado también. Esto hay que decirlo.-
- Pare acá nomás el sulky que luego me retan a mi señora.-


Sábado 5 de Diciembre 2009:
Por un lado, la bandada vosinglera de los nietos de Doña Potola cosechando damascos, duraznos y tentándose con alguna ciruela pintona. Por el otro, las abejas que sienten invadidos sus dominios y se muestran nerviosas.
- ¡Abuela! - pidió ayuda el más chico cuando una obrera se le posó en la mano.
Con un movimiento rápido la abuela le barrió el brazo ahuyentando al insecto que siguió su camino laborante.
- Venga - le dijo tomándolo de la mano libre, ya que en la otra sostenía la canastita con su carga dorada de mieles frutadas. Ya en la galería, y a medida que iban llegando los recolectores, no dejó que se dispersaran distribuyéndoles tareas y aprovechando la ocasión para una de sus charlas.
- Los llamé porque no quiero que se alteren las abejas. Ellas tienen su trabajo y nosotros el nuestro. A los que les toca hacer el dulce este año con Prosperina, a lavar la fruta y a preparar los envases. Si analizamos nuestra labor, fíjense qué parecida es a la de las abejas; ellas juntan polen y nosotros frutos.-
-¿Y cómo hacen la miel, abuela?-
- En su estómago. Transforman el néctar de las flores y devolviéndolo por la boca, para llenar los panales que servirá de alimento para las crías. Hay abejas albañilas, así las llaman, que hacen su morada en agujeros horizontales en las tapias o terrenos duros. Las hay carpinteras porque fabrican sus panales en los troncos secos de los árboles. En cada colmena hay una reina o maestra fecunda y están las obreras que carecen de la facultad de procrear y producen la cera y la miel. También están los zánganos, que son los machos de la abeja maestra o reina. Tienen las antenas más largas, carecen de aguijón y no labran miel.-
- Las abejas hacen miel y nosotros mermeladas.- concluyó el más chico.
- No sólo hacen su trabajo. Nos ayudan en la polinización.-
- Eso no lo entiendo bien, abuela. ¿Cómo es?-
- Llevan el polen desde el estambre en que se ha producido hasta el pistilo en que ha de germinar. Como ven, nos prestan un servicio indispensable al tiempo que laboran su alimento. A medida que crezcan van a valorar la organización de las abejas y se darán cuenta lo que tenemos que aprender de su aplicación al trabajo.-
- Abuela, no nos olvidemos de los zánganos que habitan en la colmena.-
- Usted señorita - reprendió Doña Potola - merecería ser abeja, por lo punzante de su aguijón. -
-¿A quién habrá salido? - preguntó la Sra. República.
- Usted no quiera ganarse la simpatía de la gente menuda, señora. No me olvido de los zánganos, pero ellos tienen su misión dentro de la colmena. Proteger a la reina y son necesarios para la continuidad de la especie. Ahora, entre nosotros, la situación es distinta. Hay una súper abundancia de comedores de las mieles que labora el pueblo y no prestan ningún servicio a cambio.-
- Ejem, ejem - carraspeó la Sra. República y con un "Doña Potola" muy suave, quería llamarla al orden. Son muy chicos para un trago amargo aunque estamos hablando de mieles.-
- Mi señora, no hay edad para el trabajo y la entrega para sentirse útil en la sociedad. Si no reciben el ejemplo y colaboran juntando aunque sea un puñado de frutos, no le van a encontrar el sabor a la mermelada cuando abran un frasco en invierno y estén a solas frente a la rodaja del pan. Al untarla, con el esfuerzo de su trabajo, seguro se van a acordar que hicieron cada uno para llenar el frasco.-
- Hablando de llenar el frasco - dijo Prosperina - necesito los voluntarios para lavarlos y pasarles un poquito de alcohol y dejarlos listos para el envasado.-
El más chico se sentó en la falda susurrando: - Abuela, la Sra. República no juntó nada en la quinta..-
- ¡Ay, mi ángel! Ella llenó tantas colmenas con sueños y esperanzas, que se merece que ustedes junten la fruta y le alejen los zánganos que han disfrutado de su trabajo.-
- ¿De qué hablan ustedes dos?- preguntó la Sra. República.
- De flores, frutos y mieles, mi señora. Sin olvidar a los zánganos...