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Sábado 14 de Febrero 2010:

Prosperina y sus dos ayudantes asignadas volvían con sus brazadas de ropa limpia recién descolgadas de la soga. La galería se había transformado en un improvisado taller de costura. Sobre la mesa larga se iban doblando las prendas que no se planchaban, mientras la otras eran rociadas y esperaban su turno al lado de la tabla de planchar.

- Revisen lo que necesita costura, remiendo ó botones ausentes - recomendó Doña Potola.
Las dos cajas de lata que oficiaban de costurero siempre fueron la tentación de los más chicos. Al levantar la tapa hilos y botones de colores se ofrecían como un arco iris encerrado. Entretuvo a los más inquietos repartiendo ternas iguales de botones que prometían largas partidas de tatetí.
-¿Que es esta pera?- preguntó el regalón tomando el mate cerrado con el que se zurcían las medias.
La explicación de la abuela vino acompañada de una demostración práctica. De la bolsa de las medias descartadas tomó una e introdujo el mate que dejó al descubierto un talón gastado por donde parecía sonreír la pequeña calabaza.
-¿Se da cuenta de la ayuda que prestaba? Así una podía... - y le mostró con una aguja sin hilo como se iniciaba la paciente tarea de tiempos que hoy parecen tan lejanos.
- No la vas a arreglar, abuela.-
- No por falta de ganas, pero ahora las medias no cuestan tanto o hemos perdido la costumbre del ahorro. En aquellos tiempos, moneda que entraba en la alcancía tenía que tener un buen motivo para salir.-
-¿Y si no las arreglás, para qué tenés esta bolsa llena de medias?-
- Las estuve guardando para un momento como éste. -Desplegó el contenido sobre la mesa y empezó a elegir ante la mirada desconcertada y llena de preguntas del nieto.- Mire, tomamos una hoja de diario y hacemos una pelotita bien apretada.-
-¿Y después?-
- Después la introducimos en la media bien al fondo, retorcemos alrededor de la pelotita y le damos una media vuelta para volver a retorcerla, siempre bien apretada. Repetimos la operación y la introducimos en otra media, hasta llegar al tamaño que le queremos dar a la pelota de trapo.-
-¡Sos una genia abuela!¡Vengan a ver la pelota que está haciendo Potola! - Los jugadores de tatetí, al escuchar pelota, abandonaron los botones.
- Espere que falta la terminación.- Tomó una aguja de las medianas y le cosió la boca prolijamente. La pelota se ofrecía tentadora. Es para jugar en la galería de atrás, así no rompen los vidrios ni las plantas. - dijo al tiempo que la hizo correr por las baldosas coloradas. Eso si, no la mojen porque se pone pesada.-
-Usted siempre saca un conejo de la galera.- dijo la Sra. República que había contemplado la escena cautivada.
- Conejos de mago, pídame los que quiera. Ya sabe la fama que tienen, pero no me pidan que las vacas entreguen más de un ternero por año.-
-¿Porque me salta de los conejos a las vacas?-
- Porque escucho cada cosa señora... ¡Resulta que ahora la culpa de todo la tiene la lluvia porque los productores siguen engordando novillos hasta dejarlos redondos!¡Por favor! No se le puede decir a la gente que por culpa de la lluvia aumentó la carne. Quien hace terneros, cuando llegan a un determinado peso los vende a quien los puede engordar. El invernador o el feedlotero lo lleva al peso de faena y lo vende. Nadie sigue engordando porque sí. Cada paso de la cadena tiene sus compromisos y hay que vender para pagar las deudas. No es como en otros negocios donde se puede especular. El "ahora vendo, ahora no vendo" no existe en la cadena de la carne. El productor manda a la feria y el mercado le pone el precio. Esto es tan simple como hacer una pelota de trapo, mi querida señora. Pero parece que no lo entienden. Hablando en criollo, para mi les falta potrero. Y si algún dia lo pisaron, llevaban la pelota, de lo contrario no los dejaban jugar.-
- Doña Potola...-


Sábado 7 de Febrero 2010:
Entre acorde y acorde que nos regalan las chicharras, el silencio y la espera. Un duende con su barba larga y su traje multicolor les da cuerda. Así nos lo pintaban allá en la infancia. Una breve pausa y la batuta que da la orden para que los violines se dejen oír, armoniosamente afinados.
En el extremo del parque, desde el tanque australiano devenido con los años en pileta, la algarabía de los nietos de Doña Potola se dejaba oír compitiendo con las chicharras.
- ¡Menos mal que a la siesta descansa la mitad de la compañía! De lo contrario, imposible pegar un ojo y descansar en esta casa.-
- Usted duerme muy bien por las noches señora. Si hasta me parece que las chicharras afinan sus violines con su ronquido...-
- Doña, pégueme un chistido.-
- Se quedaría entre las paredes de 60 de la casa, salvo que tenga un clarín en la mesa de luz.
- Sosiegue, si me sigue acomplejando me voy a ir a dormir al galpón.-
El silbido de Don Gregorio dobló la galería antes que su dueño y que el nieto mayor que empujaba la carretilla.
-¿Dónde dejo los lechones, abuela?-
- Al lado de la parrilla, donde Prosperina le dejó un par de asaderas. Y tráigame de paso unos limones de la quinta, por favor.-
- Abuela...-
- Vaya y venga sin protestar, así ve como le vamos dando sabor hasta mañana, antes de cocinarlos. Y usted Don Gregorio, saque a los varones del tanque y que arrimen leña.-
- Usted siempre me da algún encargo para que los chicos me quieran.-
- Use de anzuelo que ya están listas las tortas negras para tomar la leche.-
Tanteó la paleta y los jamones y los regó con sal gruesa.
-¿Abuela, cuántos limones abro?-
- Ocho. Los vamos rociando suavemente sobre la sal y mañana los damos vuelta para que caigan boca abajo en la parrilla. No hay ningún misterio.
-¿Y en el lomo, abuela?-
- Unas pinceladas de vez en cuando de aceite con un chorro de limón para que no se seque el cuerito.-
La Sra. República seguía la acción con una sonrisa .
- Si se me olvidó algún detalle, avíseme.-
- Doña, usted sabe que no se ha olvidado de nada, pero me sorprende esta nueva coincidencia con su amiga...-
-¿A qué se refiere?-
- A los lechones, Doña Potola.-
-¡Ni me saque el tema!- contestó cortante - Y si se me vuelan los pájaros, discúlpeme que no es con usted. No soy la que encabeza las procesiones en el pueblo para el día de la Virgen, ni la que sube los escalones de rodillas. Pero a mis años, no esperaba los comentarios sobre las bondades de la carne porcina que hizo nuestra máxima autoridad. Se habrá sentido una sex-symbol, como dicen ahora, frente a un auditorio repleto de hombres que la miraban incrédulos mientras ella, con un estudiado gesto de inocente púber, relataba como se comía el cuerito crocante y luego ensayaba una sonrisa para ayudar a la imaginación de quienes a esa altura la imaginaban en ropa interior con una copa de champagne, junto a la chimenea.-
- Doña... Hay que ser un poco más flexible. Hoy ya se da Educación Sexual en las escuelas.-
- Y también les venden drogas en la puerta... Y la policía no hace nada... ¡Por favor! Mire, yo me quedé pensando en los hijos de su amiga y en el Primer Damo.-
-¿Por qué en ellos?-
- Porque los hijos no imaginan el sexo de sus padres. Y el pobre, en vez de ir hasta la farmacia, tendrá que caminar una cuadra más hasta la carnicería.-- Doña Potola...-


Sábado 31 de Enero 2010:
Luego de la clase de lectura, la narrativa de un cuento y el comentario del mismo, volvía la Sra. República de la mesa bajo el alcanfor que le ofrece sombra y la quietud necesaria para que no se distraigan los alumnos.
- Muy temprano aún...- pensó al ver a Don Gregorio trajinando en la parrilla. Buenas brasas daba la leña mientras la pava oscura que en otro tiempo lució un enlozado color lacre ofrecía un mate cuando lo reclamaba su dueño.
- Si bien aumentó la carne, no me imaginaba un asado de verduras.
- Señora, hay que aprovechar lo que ofrece la quinta. Si bien han llevado al pueblo y he repartido con los muchachos, hay morrones, berenjenas, tomates y cebollas que asadas y peladas dan para hacer ensalada durante toda la semana. El sabor que ofrecen al mezclarlos es una delicia y pueden acompañar lo que gusten. Pollos, corderos y lechones en ese orden son las instrucciones de Doña Potola – dijo Prosperina apoyando en la mesa las ensaladeras. No mas carneadas por un tiempo-
- No hable de veda muchacha, no sea cosa que la escuchen y quieran repetir la experiencia.-
- ¿Se acuerda señora?-
- Aumentó la carne, se enojó el Gobierno y decretaron la veda. A raíz de ésto aumentó el pollo, se enojó otra vez el gobierno y decidieron importar pollos. Alquilaron frigoríficos para guardarlos y gastaron más en el frío que lo que valían los pollos. Un escándalo. Y finalmente terminaron en el cordón ecológico. Prosperina, páseme una fuente para sacar los tomates que ya están bien asaditos. Todo esto está muy lindo pero hay mucha gente que no tiene corderos, lechones ni pollos Don Gregorio. ¿Quiere decirme que van a hacer? -
- Alguien va a tener que dar una explicación mi amiga - dijo Doña Potola - y usted no sea mezquino y convide un amargo Don Gregorio.
- Las explicaciones no se comen doña.
- Tampoco las promesas que le hicieron a los productores que se inundaron. Que los calcinó la sequía y los ningunearon con los cierres de la exportación para que hicieran buenos negocios desde los feedlots hasta los frigoríficos.-
- Doña Potola, hasta hace poco el kilo vivo era igual al de hace unos años atrás y la carne había aumentado el 100% en el mostrador. Pero ahora es el kilo vivo el que aumentó. ¿A cuanto va a llegar un kilo de carne?-
- No tengo la bola de cristal mi amiga. Tampoco sabemos a ciencia cierta cuantos millones de cabezas nos quedan. A nivel oficial hablan de 52 millones. Para mi, faltan muchas cabezas para llegar a 50. Usted me pregunta cuál es el precio real y es lo mismo que preguntarse cuál es el precio del gas, de la electricidad, del combustible, del transporte, sin los subsidios. Llegamos a un punto en que para no seguir perdiendo plata los productores se desprendieron de las vacas y sin las vacas no hay terneros. Así de simple mi amiga. Si hasta ayer nomás consumíamos 74 kilogramos per cápita porque la carne estaba por el piso. Los que nos siguen en el consumo, que son los norteamericanos, apenas si comen la mitad de lo que comemos nosotros. Los europeos comen pollos, cerdos y muchos pescados y mariscos, como es el caso de los españoles. Pero carne, carne de vaca, sólo acá. Dicen que cuidan la mesa de los argentinos, pero ahora los quiero ver contando en el corral las pocas que quedan y comprueben que "en todo puchero gordo los choclos se vuelven marlos".-


Sábado 23 de Enero 2010:
Sobre los caballetes, las chapas de zinc atrapaban todo el calor del verano. Por las canaletas, en vez de correr el agua de lluvia, los higos prolijamente acomodados en hilera parecían las cuentas de un Rosario prometiendo dulzuras. Por las noches, un nylon los protege del rocío y muy temprano la tarea de los nietos es darlos vuelta para el secado parejo.
- Abuela... ¿Cuánto falta para guardarlos?-
- Mire bien un higo y luego míreme a mi - contestó Doña Potola.
- No entiendo.-
- Observe y saque conclusiones.-
Tomando un higo por el cabito se lo acercó al nieto.
- Cuando se van secando... ¿Ve cómo se arrugan? -
- Si.-
- Bueno, si está tan arrugado como yo, quiere decir que ya está a punto.-
- Abuela, vos estás arrugada como pasa porque siempre te estás sonriendo.-
- Ayyy, lo que me va a costar este piropo...-
- Yo le cuento Doña Potola. - respondió Prosperina. - Empanadas y un cordero para invitar a los amigos el sábado a la noche.-
- Estoy de acuerdo, pero antes rellenan los higos con las nueces.-
- Es la primera vez que la escucho dar el sí tan pronto.-
- Como se ve que las empanadas las hago yo - rezongó Prosperina.
- Venga señora - invitó a la Sra. República - Busquemos la sombra, que no quiero seguir arrugándome como los higos.-
- Lo que no le han dicho es que de postre están armando un baile...-
- Señora... no son hijas mías, pero algo creo conocerlas. Me alegro que vengan y me quedo tranquila sabiendo dónde están. El pueblo es chico pero ofrece demasiadas tentaciones, y ni le cuento si deciden viajar con la excusa de que acá ya se conocen todos.-
- Señora, no se cuándo empezó esta moda de empinar el codo. A nosotras nos convidaban con una Granadina. ¿Se acuerda? Esto de alcohol y drogas no existía. Tampoco había bailes tan seguido. Creo que ahora van a los boliches tantas veces como a clases.-
- ¡No exagere Doña Potola! -
- Hum... No debe haber mucha diferencia y la culpa la tienen los padres. ¿Usted ha visto en la tele cuando los entrevistan y muy sueltos de cuerpo muestran el arsenal de botellas que llevan a la playa? Dicen que es para "entonarse". ¿Qué dirán los padres cuando los ven? A mi me dan mucha lástima, pues parecen abandonados a la buena de Dios.-
- Abuela, acá están los diarios que trajo Don Gregorio del pueblo.-
- Guárdelos para prender el horno el sábado.-
- ¡Doña, no le va a echar la culpa a los diarios de todo lo que pasa!-
- Bueno, léalos usted y si encuentra alguna noticia, me la comenta. En eso tiene razón la Sra. Presidente.
- ¡Aleluya, no esperaba otra coincidencia! La semana pasada y ahora.-
- ¡Ahora! Ahora ella tendría que dar el primer paso y dejarse ver menos crispada. Nos habla TODOS LOS DÍAS, como si nosotros fuéramos los culpables y le diéramos un disgusto a cada rato para amargarle la vida. ¡Y quienes la alteran son jugadores de su mismo equipo, que ellos mismos eligieron antes de que empezara el partido! -
- ¿Doña, porqué usted cree que muchos de esos jugadores dan la impresión de que patean en contra?-
- Quizás no les guste el planteo del Director Técnico, o se pusieron la camiseta para la foto sin sacarse la que tenían cuando les compraron el pase.-
- Doña... -


Sábado 16 de Enero 2010:
El lucero en el horizonte, compañero y testigo de tantas madrugadas, parecía sorprendido ante la figura solitaria de Doña Potola en medio del parque. La tormenta había pasado y el Pampero con su aire fresco se había llevado las nubes. Una vez más la desazón ante los árboles caidos. En cada uno, recuerdos de cuando los plantaron y de los tutores renovados hasta que se hicieran fuertes. Recuerdos de floraciones, frutos y sombras que hoy caminan al olvido. La paralizó ver al sauce centenario. Acostado, parecía agonizante. Nunca imaginó este momento. Es más, para que lo respetaran, a los nietos les pedía que festejaran su cumpleaños tomando unos mates a su sombra cuando ella ya no pudiera hacerlo.
- Los árboles mueren de pie - murmuró, recordando el título de una vieja película, y lamentó la cara y cruz de la realidad y la ficción.
Le dió la espalda para no recordarlo caido y se encontró con la figura de la Sra. República, que la contemplaba a la distancia. Buscó en vano en la manga de su batón el pañuelo y ante su ausencia, pasó su mano por sus mejillas y dos lágrimas quedaron prisioneras en su puño.
- ¿No la dejó dormir la tormenta?-
- No pegué un ojo, señora y acá andaba, despidiendo a los amigos que ha tumbado el viento.-
- ¿Les preparo unos mates o prefieren un té?- preguntó Prosperina, que igual que a Cacique y Cautiva, los truenos la desvelaban.
- Prefiero unos amargos m´hija, así estamos a tono con el momento.-
La claridad buscaba la sombra y nuestras amigas sus hamacas en la galería.
- Está raro el clima, Doña Potola. No terminamos de reponernos de una y llega otra tormenta.-
- Si señora. Y para estar a tono, el Gobierno desató otra. Quiere voltear a funcionarios, jueces y hasta al Vicepresidente. Si tuviéramos la costumbre de ponerle nombre a los huracanes... ¿Ya se imagina cómo se llamaría ésta, no?-
- Doña, está amaneciendo y sin darme tiempo me sorprende como una centella.-
- ¡Hasta los ministros se sorprendieron! Estaban en la playa tomando sol, se nubló de golpe y tuvieron que volver corriendo a firmar el DNU. Le digo de paso que estoy un poco molesta con quienes redactaron nuestra Carta Magna.-
- ¡No me diga Doña¡
- Me desorienta, señora. Tiene tantas interpretaciones que cada uno dice tener razón, o al menos, es lo que declaman a los cuatro vientos.-
- Doña Potola, no es tan así. Hay sutilezas que dejan algunas puertas abiertas.-
- Mejor que las cierren, pues se cuela el viento que está soplando afuera y parece que es viento norte, por el mal humor que ha despertado.-
- Se han caldeado los ánimos. En ésto tiene razón. -
- ¿Caldeados? Yo creo que están hirviendo. Se han dicho de todo menos lindos en estas horas.
La escucho a nuestra Presidenta decir que “acá ocurren cosas que no pasan en ningún país del mundo” Y no está equivocada.-
- ¡Ah, bueno, ya es un adelanto, en algo coinciden!-
- Señora, estoy segura de que en ningún lugar del mundo al que produce trigo le pagan centavos y el pan vale varios pesos. Le cierran la exportación, no lo puede vender y si no tiene adonde guardarlo debe pagar por el almacenamiento, y para darle una mano le ofrecen un crédito. Si usted la hubiese querido complicar no la hacía tan difícil.-
- No entiendo nada del tema, Doña...-
- Ellos pareciera que tampoco, pero alguien se debe estar quedando con la diferencia que es muy grande y todo esto no se hace gratis. Y también la presidente tiene razón en que no hay otro país en el mundo en que se coma tanta carne mientras se están vendiendo las vacas, que son las fábricas de terneros, pues los productores se están fundiendo. Tampoco creo que haya en otros países tantos jueces amigos del poder y fiscales distraídos. Ni maridos que no son reyes, pero le regalan a sus señoras una banda presidencial sin hacer internas, pues que yo sepa, vivimos en democracia.-
- Doña Potola, desde ahora la tengo que llamar "Doña Tormenta".-
- "La tormenta" la están armando ellos. No me vengan ahora a echarme la culpa.-


Sábado 2 de Enero 2010:
Luego del desayuno bien temprano - hay que aprovechar la fresca, como dice Prosperina - partieron los nietos cada uno a lo suyo. Hay tarea para todos, aún para los más chicos. La abuela que siempre saca algo de la galera, logró esta vez que los más pequeños la acompañaran a recorrer los ciruelos y a juntar lo que han perdonado los pájaros. Entre una rama y otra, la sorpresa: Como una carpeta de aquellas que tejían las manos habilidosas, una arañita aplicada desplegaba su seda. Algunas gotas de rocío que se descolgaban de los árboles lucían perladas en la malla y recorrían los hilos hasta caer por su propio peso.
- Abuela! La araña está haciendo una malla de pescar! - exclamó el más chico.
- No la molestemos, venga por este otro caminito.-
- No abuela, mirá como va y viene.-
- Parece que tuviera un GPS - dijo el más grande.-
- ¿Que tiene qué? - preguntó Doña Potola.
- Abuela... ¡Un GPS! ¿No viste la camioneta de papá? Es una pantalla con los mapas y te marcan adonde querés ir.-
- Yo nunca precisé de un aparato para llegar adonde quería ir. No me vengan a embaucar con tanta tecnología porque dentro de poco van a tener un robot para que les sople al oído lo que tienen que hacer.-
- ¡Abuela, era una broma! ¿Pero cómo está tan segura de lo que está haciendo? –
Yo que ustedes me preguntaría cómo la araña supo que tejiendo una red, podía atrapar insectos para alimentarse. ¿Quién le enseñó al hornero a hacer ese nido tan perfecto? ¿Han visto ustedes el pico larguísimo de algunos picaflores para llegar al néctar? Las especies han evolucionado a través de millones de años para ofrecernos la diversidad que hoy podemos apreciar en la naturaleza. El hombre es el que me presenta algunas dudas, a pesar de todos los logros alcanzados.-
- ¿Qué dudas, abuela?-
- Me pregunto, apartada del mundo, juntando frutas con ustedes: ¿Por qué se sigue gastando en armamento más que en alimentos? Me desorientan quienes siembran odio y fanatismo. Guerras y muertes son el triste testimonio de nuestra historia de siglos. Da la impresión de que el hombre se ha olvidado de su misión en la tierra. -
- ¿Y cuál es la misión, abuela?-
- Trabajar todos los días para lograr un clima de armonía entre las distintas sociedades.
¿Quién piensa en el bienestar y en la armonía del mundo, si miramos para otro lado cuando vemos a un hermano que está pidiendo? Nos da vergüenza la pobreza y la negamos. Inventamos estadísticas que no reflejan la realidad. Se gasta más dinero en propaganda para decir lo que hacemos que lo que vale la obra en sí.
En una palabra, vivimos mintiendo en una sociedad hipócrita que sólo busca la salvación individual, sin importarle el bien común. Vengan, dejemos tranquila a la arañita tejiendo. Mosquito que caiga en esa trama de seda, será uno menos que nos moleste esta noche cuando festejemos la llegada del Año Nuevo.-
- ¡Otro año, abuela! Voy a cumplir nueve. ¿Y vos?-
- ¿Yo? Los que tiene que tener una abuela.


Sábado 26 de Diciembre 2009:
- La galería quedó chica, mi amiga. Pongamos distancia. - invitó Doña Potola a la Sra. República.
- ¿No va a abrir los regalos? -
- Más tarde... Igual le puedo decir que hay en cada paquete. Año tras año ya los viejos sabemos qué nos pueden regalar. No me quejo, eh. Salvo que me dejen un "vaucher", como dicen ahora, para el geriátrico del pueblo. -
- Doña... ¿Qué sería de la Navidad sin usted? ¿Se lo ha preguntado?-
- Nadie es imprescindible señora. Me pesaría el fracaso si no hubiera sabido crear las condiciones para que sigan reuniéndose y sobre todo trabajando juntos, que es lo más importante. Yo a usted le tengo que agradecer la compañía de este año, que me ha ayudado a comprender muchas cosas. He reflexionado junto a usted y me he sentido libre para hacerlo, expresando lo que sentía.-- Quizás demasiado apasionada en algunas ocasiones, doña... -
- No lo niego y no me arrepiento. Con la verdad "dicen" que no ofendemos. De chica me enseñaron que la pluma debe abrevar en vertiente cristalina y nunca traicionar el borbollón de sangre que corre por nuestras venas, y que a través de su pulso nos marca el camino.-
- Eso es muy cierto, doña. Los caminos están marcados.
-¡Qué le voy a contar a usted! Pero adonde me lleve el mío, seguiré con este amor inclaudicable para con la tierra.-
-¿Está armando algún viaje?-
- Nunca se sabe señora. Hay que estar preparada y con un equipaje no muy pesado. De ser así, y con quienes se comparten los mismos sentimientos, seguiremos en secreta comunión a pesar de la distancia. Estoy segura de que nos encontraremos en siembras y cosechas, dando gracias cuando el cielo nos regale una lluvia. El dejar de verse no quiere decir que uno se aleje, al contrario, siempre estamos volviendo. En los hijos y en la mirada de los nietos. Además... ¿Adónde puedo ir, si estoy tan firme en las raíces de estos árboles?-
-Doña Potola, quienes piensan en el olvido es porque han hecho muy poco para que los recuerden. Y no es su caso precisamente.-
- El viento lleva la arena señora, y poco a poco va cubriendo la memoria. Sabrán, quienes nos han querido, encontrar nuestra mirada en las flores que nos regala la primavera. En el dulce beso de un fruto maduro y porque no en la calidez de un vaso de vino.-
- Hablando de vino, Prosperina nos anda buscando Doña Potola, para brindar.-
-¡Venga m´hija! ¡Un abrazo a esta vieja protestona que tanto la quiere!-
- Doña Potola, salud. Y a usted señora, gracias por tantos consejos. ¡Por la Sra. República, a quien debemos cuidar! Si me permite doña, por todas las familias sembradoras representadas por usted y su familia, y a quienes viven en comunión con la tierra: ¡Salud!


Sábado 19 de Diciembre 2009:
Los panes que salían del horno se enfriaban lentamente en la galería, cubiertos con un liencillo. Prosperina, con el humor sensible guiaba a las nietas mayores de Doña Potola que oficiaban de ayudantes en la ceremonia de los panes.
- No me adjudico un milagro, pero año tras año hemos multiplicado los panes a medida que aumentaba la familia y el número de colaboradores.-
- ¡Tendrían que haber agrandado el horno!-
- Se fue agrandando con los años señora, pero tampoco vamos a tener uno como el de la panadería del pueblo. Estas son ocasiones especiales.-
- ¿Abuela, adónde pongo los instrumentos?-
- En el banco, que está debajo del pino, al costado de la Virgen. ¿Nos va a acompañar Señora? Vamos a hacer un pequeño ensayo de la sorpresa que quieren darle a los padres la noche de Navidad.-
Un chistido de la abuela que envidiarían hasta los suindá, acalló los gritos que venían del tanque australiano que oficia de pileta. Los chicos salieron al trote secándose para acudir a la cita. El más aplicado a la música tomó posición con su guitarra e inclinándose sobre la misma, trató de afinarla en medio del bullicio.
- Silencio -pidió la abuela puesta en directora de coro.
Asintió con la cabeza, se dejó oir la guitarra, levantó sus hombros y las voces regalaron:
Don dorondón, que los higos son verdes.
Dondorondón, que ya maduraran.

La Sra. República lentamente fue tomando distancia. A su espalda las guayabas y en sus ojos la glorieta con las enredaderas floridas que le hacen de ruta a la Virgen. Quería guardar esa imagen en su retina como una acuarela de la emoción contenida. Siguió el ensayo repasando el repertorio de aquellos villancicos olvidados en la memoria colectiva a causa de tantas canciones en inglés que llegaron con los pinos nevados y el Papa Noel que pasa en un trineo alado por estas pampas polvorientas. Con el último acorde, partió la orden de la abuela.
- Ahora a prepararse para la cena, así todos pasan por el baño. Venga señora - invitó sentándose en el banco. Disfrutemos de la puesta de sol. -
- ¡Cuánto hacía que no escuchaba alguna de estas canciones, Doña Potola! ¡Y el proyecto de coro!-
Suena lindo.
- Gracias señora. Tienen oído y le ponen ganas y paciencia para aguantar a la abuela. Las canciones son hermosas y si han sobrevivido a tantas oleadas extranjeras en su Estancia, por algo será.
Dondorondón, que los higos son verdes.
La voz de Don Gregorio llegó antes que su dueño apareciera detrás de la guayaba.
- Llegó tarde para el ensayo señor.-
- Sus nietos doña, cantan una cosa y hacen otra. Acá están las pocas brevas que pude encontrar en las higueras. Se las comieron todas y después cantan que los higos son verdes.-
- No proteste y disfrutémoslos mientras los tenemos cerca. Algunos ya se van a ir a estudiar a la ciudad y los vamos a ver de vez en cuando. Pero van a volver sobre los pasos de la abuela, al menos es lo que me cuentan. Casi todos quieren estudiar algo relacionado con el campo, salvo uno al que le gustan más las letras que los números. Espero que no sufra con la elección, ya que algunos dicen que los números dominan al mundo.-
-Doña Potola, también tiene que haber algunos que escriban canciones y nos alegren el espíritu.-
- Si mi amigo, que nos alegren el espíritu porque andamos bastante tristones, sobre todo si pensamos en quienes no tienen trabajo y en quienes la sequía los dejó sin nada. Le ruego a la Virgen para que multiplique los panes que están en la galería y que los lleve adonde su corazón lo indique.


Sábado 12 de Diciembre 2009:
La mañana invitaba a desayunar en la galería perfumada por el aroma de los azahares de los limoneros. De la mesa volaron los buñuelos y las tostadas untadas generosamente con las mermeladas de la abuela y también volaron los nietos hacia el galpón, donde los preparativos de la cosecha y siembra son un imán. Don Gregorio, que almacena tanta información como si fuera una computadora, recuerda quién se sentó en la cosechadora de acompañante y hoy en uno de los tractores que llevan las tolvas. Las mujeres se encargan de los termos para el mate y de algunas cajas de merienda que a esta hora son un estorbo, pero que a media mañana son muy requeridas. Silencio en la galería donde la dueña de casa y la Sra República parecían respirar mas tranquilas y hasta podría decirse que disfrutaban del silencio.
- Yo no abrí la boca Doña Potola , pero estoy segura de lo que está pensando. Algo así como "ya no tengo edad para que me dejen a los chicos todo el verano". Las madres se quedan tranquilas en el pueblo y si les pasa algo la culpa es de la abuela, que no los vigila. -
- ¿Y no tengo razón? Me asusta que se anden trepando en los tractores. -
- Doña... Están los padres cerca y Don Gregorio que no les pierde pisada. Además... ¿Me quiere decir que haría con las madres? Seguro que se sentarían en la galería todo el día y eso a usted le hace subir la presión. -
- ¿Se me nota? Es que vienen como de visita. ¡Yo quiero que vengan y se pongan la casa al hombro! Que hagan los dulces, que vayan a la huerta de vez en cuando y vean una planta de lechuga y no picada en la ensaladera.-
-¿Usted dejaría que se pusieran su delantal?-
-¿No se lo presto a mi nieta acaso? - Usted sabe que no es lo mismo. Sus nietas la van a heredar...
-¡Y ellas también!-
-Déjeme terminar Doña Potola. Sus nietos están dia a dia junto a usted bebiendo sus experiencias. Sus recetas, el almidón que aún hace para los manteles, el famoso licor de mandarina. Aprendieron las chicas a tejer y bordar y a los chicos hasta les enseñó a hacer los barriletes. La están heredando en vida y eso no se los puede negar. ¿Le parece que sería los mismo con toda la familia en la casa? Yo creo que no. Como no le gusta a usted, a ellos tampoco. Quieren la libertad condicional que usted les brinda y, por si no se dio cuenta, les gusta que usted les marque los límites. ¿Qué piensa usted que van a recordar cuando sean grandes y vengan al campo? Va a ser usted la que se les aparezca en cada rincón con sus cuentos y estoy segura que estará en cada acuarela que pintan sus ojos de la infancia. ¿Estoy equivocada?-
- No señora, pero ando un poco cansada y con dolores en la espalda.-
- ¡No alce mas al más pequeño! Ya es un ternero al que hay que destetar y usted lo tiene en la falda regaloneando. En cualquier momento se pone de novio, va a venir a visitarla y se va a querer sentar en la falda de la abuela.-
- No me acorte los tiempos. Usted me habla como si yo me estuviera despidiendo en cualquier momento y pienso dar pelea todavía. Venga, vamos a caminar hasta la cabecera donde están cosechando. Me gusta ver como la máquina devora las espigas que ayer nomás eran semillas y mañana serán harina y pan. Cada cosecha me conmueve y cada siembra me motiva. -
- Así me gusta escucharla. Con el ánimo bien alto.-
- Lo tengo señora, pero los años y algunas dolencias preocupan. Ya los huesos se quejan y los ojos de vez en cuando se nublan.-
- Si es por cataratas la acompaño y en diez minutos la dejan nueva. -
- No señora, se nublan por emociones simples. Dicen que los viejos nos ponemos muy sensibles. Pienso en los hijos, en los nietos... -
- Doña Potola, mírelos. ¿Acaso no ve que son del mismo palo? Con la pata en la tierra y un ojo en el cielo dando gracias. ¡Le salieron sembradores! El más puro y noble de los oficios y el más olvidado también. Esto hay que decirlo.-
- Pare acá nomás el sulky que luego me retan a mi señora.-


Sábado 5 de Diciembre 2009:
Por un lado, la bandada vosinglera de los nietos de Doña Potola cosechando damascos, duraznos y tentándose con alguna ciruela pintona. Por el otro, las abejas que sienten invadidos sus dominios y se muestran nerviosas.
- ¡Abuela! - pidió ayuda el más chico cuando una obrera se le posó en la mano.
Con un movimiento rápido la abuela le barrió el brazo ahuyentando al insecto que siguió su camino laborante.
- Venga - le dijo tomándolo de la mano libre, ya que en la otra sostenía la canastita con su carga dorada de mieles frutadas. Ya en la galería, y a medida que iban llegando los recolectores, no dejó que se dispersaran distribuyéndoles tareas y aprovechando la ocasión para una de sus charlas.
- Los llamé porque no quiero que se alteren las abejas. Ellas tienen su trabajo y nosotros el nuestro. A los que les toca hacer el dulce este año con Prosperina, a lavar la fruta y a preparar los envases. Si analizamos nuestra labor, fíjense qué parecida es a la de las abejas; ellas juntan polen y nosotros frutos.-
-¿Y cómo hacen la miel, abuela?-
- En su estómago. Transforman el néctar de las flores y devolviéndolo por la boca, para llenar los panales que servirá de alimento para las crías. Hay abejas albañilas, así las llaman, que hacen su morada en agujeros horizontales en las tapias o terrenos duros. Las hay carpinteras porque fabrican sus panales en los troncos secos de los árboles. En cada colmena hay una reina o maestra fecunda y están las obreras que carecen de la facultad de procrear y producen la cera y la miel. También están los zánganos, que son los machos de la abeja maestra o reina. Tienen las antenas más largas, carecen de aguijón y no labran miel.-
- Las abejas hacen miel y nosotros mermeladas.- concluyó el más chico.
- No sólo hacen su trabajo. Nos ayudan en la polinización.-
- Eso no lo entiendo bien, abuela. ¿Cómo es?-
- Llevan el polen desde el estambre en que se ha producido hasta el pistilo en que ha de germinar. Como ven, nos prestan un servicio indispensable al tiempo que laboran su alimento. A medida que crezcan van a valorar la organización de las abejas y se darán cuenta lo que tenemos que aprender de su aplicación al trabajo.-
- Abuela, no nos olvidemos de los zánganos que habitan en la colmena.-
- Usted señorita - reprendió Doña Potola - merecería ser abeja, por lo punzante de su aguijón. -
-¿A quién habrá salido? - preguntó la Sra. República.
- Usted no quiera ganarse la simpatía de la gente menuda, señora. No me olvido de los zánganos, pero ellos tienen su misión dentro de la colmena. Proteger a la reina y son necesarios para la continuidad de la especie. Ahora, entre nosotros, la situación es distinta. Hay una súper abundancia de comedores de las mieles que labora el pueblo y no prestan ningún servicio a cambio.-
- Ejem, ejem - carraspeó la Sra. República y con un "Doña Potola" muy suave, quería llamarla al orden. Son muy chicos para un trago amargo aunque estamos hablando de mieles.-
- Mi señora, no hay edad para el trabajo y la entrega para sentirse útil en la sociedad. Si no reciben el ejemplo y colaboran juntando aunque sea un puñado de frutos, no le van a encontrar el sabor a la mermelada cuando abran un frasco en invierno y estén a solas frente a la rodaja del pan. Al untarla, con el esfuerzo de su trabajo, seguro se van a acordar que hicieron cada uno para llenar el frasco.-
- Hablando de llenar el frasco - dijo Prosperina - necesito los voluntarios para lavarlos y pasarles un poquito de alcohol y dejarlos listos para el envasado.-
El más chico se sentó en la falda susurrando: - Abuela, la Sra. República no juntó nada en la quinta..-
- ¡Ay, mi ángel! Ella llenó tantas colmenas con sueños y esperanzas, que se merece que ustedes junten la fruta y le alejen los zánganos que han disfrutado de su trabajo.-
- ¿De qué hablan ustedes dos?- preguntó la Sra. República.
- De flores, frutos y mieles, mi señora. Sin olvidar a los zánganos...